- Marcelo Pedroza
- Psicólogo y magíster en Educación
- mpedroza20@hotmail.com
Desde la doxografía, rama de la literatura que comprende aquellas obras dedicadas a recoger los puntos de vista de filósofos y científicos del pasado sobre filosofía, ciencia y otras materias, se expresa que Demócrito fue un hombre de gran longevidad y que viajó por muchos países, entre ellos Egipto, Persia, Babilonia y se dice que incluso llegó a la India.
Fue alumno de Leucipo, con quien se constituyó en iniciador del atomismo, teoría considerada como la última gran creación de los llamados Presocráticos. Se dice que fue un autor prolífico, que tuvo fama de erudito y de gran estilista de la prosa.
Para Demócrito “la materia es uniforme, una sola naturaleza, pero múltiple, son partículas indivisibles (átomos) del ser único, en número infinito.
Cada átomo reproduce el uno y es, por tanto, ingénito, imperecedero, imposible de aumentar o disminuir, homogéneo, finito, pleno, continuo e indivisible, cumpliendo así las condiciones parmenídeas del ser”.
Los átomos son extremadamente pequeños, solo resultan visibles cuando se los agrupa, aunque es el vacío el que permite su distribución en unidades mínimas y facilita el movimiento de los mismos. Para la cosmogonía atomisma es relevante el principio de la atracción de lo semejante por lo semejante, dando lugar a un proceso mecánico que activa un círculo constante.
El devenir del pensamiento atomista, otorgando precisiones, se desarrollará en las voces de Epicuro y de Lucrecio.
Demócrito de Abdera (460 a.C. - 370 a.C.), fue un filósofo y polímata griego, que de su enorme obra se han rescatado fragmentos breves, los que se expresan por medio de aforismos. Entre sus postulados se encuentran los siguientes:
Quien trata de ser feliz no debe ocuparse de muchos asuntos, ni en lo público ni en lo privado, ni elegir actividades que excedan su propia capacidad y su naturaleza, sino tener la suficiente precaución como para, en caso de que la suerte se le ponga de cara y lo esté llevando, en su opinión, demasiado lejos, renunciar y no tratar de llegar más allá de sus posibilidades, pues es cosa más segura una empresa mesurada que una gran empresa.
La medicina sana las enfermedades del cuerpo, más la sabiduría libera el alma de padecimientos.
La naturaleza y la enseñanza son cosa semejante. Y es que la enseñanza remodela al hombre y, al remodelarlo, actúa como la naturaleza.
El hombre es un mundo en miniatura.
Grandeza del alma es sobrellevar serenamente el error.
Es duro verse gobernado por un inferior.
Muchos eruditos carecen de sentido común.
Falsos y aparentemente buenos son los que hacen todo de palabra y no de hecho.
La belleza de un cuerpo es como de un animal si por debajo no hay inteligencia.
En realidad nada sabemos, pues la verdad se halla en lo profundo.
La palabra es sombra del hecho.
Propias del alma son ventura y desventura.
Al hombre sabio toda la tierra le es accesible, pues de un alma buena es patria el mundo entero.
Los hombres serán uno, y un hombre, todo.
Nuevos son cada día los pensamientos de los hombres.
La suerte es dadivosa, pero insegura. La naturaleza, en cambio, se basta a sí misma. Por ello, con su fuerza menor, pero segura, se impone ésta sobre las esperanzas de mayores vuelos.
Para finalizar, dice Demócrito: Si alguien presta atención con buen sentido a estas máximas mías realizará muchas acciones propias de un hombre de bien en vez de muchas mezquinas.

