- Emilio Agüero Esgaib
- Pastor
Sin duda la mujer más importante de toda la Biblia y hay muchos aspectos de su vida que podemos estudiar a la luz de la Palabra de Dios, pero lo interesante es cómo aparece en los evangelios y cómo se registran sus últimas palabras.
Fue la madre de Jesús, ¿por qué fue elegida? La Biblia nos da la respuesta. En Lucas 1:30 dice que ella había hallado gracia delante de Dios. Fue escogida antes de la fundación del mundo, creada y preparada por Dios para esta misión. Dios nos enseña que el llamado es irrevocable y que no depende de nosotros el querer o no querer, es Dios quien escogió y él lo va a hacer. Esto lo podemos ver en Romanos 11:29; 9:11; 16, 18, 23, 24; Jeremías 1:5.
Su parte fue creerle a Dios y dejarse usar por Él. De hecho, es lo que ella misma dice en Lucas 1:38: “He aquí la esclava del Señor”. María tuvo fe en que Dios haría con ella lo que tenía que hacer y que Dios nunca abandona ni deja por el camino a los que llama (Lucas 1:45). Dios escoge, Dios llama, Dios forma, Dios termina, nuestra parte es creer y caminar en obediencia a Dios todos los días de nuestra vida.
Cuando el ángel le anuncia su llamado, ella muestra su humanidad mirando las circunstancias (Lucas 1:34). Su circunstancia era que ella no podría concebir, pues no estaba unida a un hombre, pero Dios la lleva por encima de la circunstancia diciéndole que “nada hay imposible para Dios” (Lc. 1:37).
María se pone en total dependencia a Dios y una sujeción absoluta a su Palabra (Lc. 1:38). Esto es importante entender. Un atributo básico y fundamental de Dios que nos enseña las Escrituras es la Soberanía de Dios, el hace lo que quiere, como quiere, cuando quiere. No necesita de nada ni de nadie, es absolutamente autosuficiente. Él lo sabe todo, el tiempo no lo limita, nada escapa a su sabiduría y poder, no requiere de consejeros ni consensuar nada, sus criterios son suficientes (Salmo 115:3; 135:6; Dn. 4:35; Isaías 45:5-7).
María, ante la conciencia del gran privilegio que le dio Dios por gracia, eleva una alabanza y en esa alabanza podemos encontrar muchas cosas que nos hablan de ella (Lc. 1:46-55). Nos muestra que ella reconocía al único Dios como su Salvador. Ella nos dice que también necesitaba ser rescatada (46), salva pues la Biblia nos enseña que “no hay justo, ni siquiera uno”. Nos muestra cómo ella se sentía pequeña ante la grandeza y santidad de Dios (48). Nos muestra que el temor de Dios y la santidad dejan un legado de bendición a nuestras generaciones (50).
Ella, como creyente y madre virtuosa, dejó un buen ejemplo en cuanto a cómo tenemos que meditar en Jesús y en todo lo que él significa cuando “guardaba todas estas cosas en su corazón y meditaba acerca de ellas” (Lc.: 2:19-51). Con esto también nos enseña que una madre debe estar atenta al llamado de sus hijos, meditar en ellos, enfocarlos, proyectarlos para que ellos sean flechas en manos de sus padres. Proverbios dice que los hijos son como saetas en las manos de los valientes” nosotros lanzamos a nuestros hijos.
En la cruz, cuando Jesús asignó a Juan que cuidara de Su madre (Jn. 19:25-29), lo que nos muestra es un ejemplo de hijo, ya que María ya viuda, muerto su primogénito y teniendo Jesús muchos enemigos, no descuidó ni en su momento más doloroso la situación de su madre y le encomendó el cuidado “como si fuese su propia madre” a Juan, el único discípulo presente en su crucifixión.
¿Cuáles fueron las últimas palabras de María registradas en la Biblia? “Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que ÉL (Jesús) os dijere” (Juan 2:1-11).
María siguió sin duda el Ministerio de Jesús y, como cuenta el libro de Hechos, fue su discípula. Qué privilegio más grande el de María, Madre de Jesús. Hagamos lo que esta madre privilegiada nos ordenó: Sigamos a CRISTO.

