• Víctor Pavón (*)

El 8 de mayo se cumplió un aniversario más del nacimiento de Friedrich von Hayek (1899-1992), uno de los más importantes pensadores de la filosofía de la libertad.

Junto con su maestro, Von Mises, mantuvieron firmes el legado de la libertad y la propiedad –simiente de la civilización occidental– en momentos en que el socialismo y todo lo que significa el colectivismo venía avanzando (y continúa) en los centros de estudios y la política en general.

Hayek trascendió la economía, aún cuando en 1974 obtuvo el Nobel en esta disciplina. Con su formación en filosofía y derecho se sumergió en el carácter multidisciplinario del conocimiento y se convirtió en un brillante pensador de la filosofía política.

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El socialismo o lo que es hoy el intervencionismo estatal en la democracia, decía, tiene como objetivo despojar al ser humano de su individualidad y dignidad. Debilitando las tradiciones, la costumbres, la religión y la familia, se termina por dar una estocada de muerte a la libertad.

Exponente de la Escuela Austríaca, Hayek representa el renacimiento de las ideas de la libertad, en un momento donde muchos preferían lo “políticamente correcto”. El colectivismo socialista se venía apoderando de los programas de estudios en las universidades y los políticos se mostraban cada vez más seducidos por las medidas de John M. Keynes, el profeta del estatismo. A todos ellos enfrentó Hayek, a veces solo y sin escatimar esfuerzo.

Cuando en 1944 publicó “Camino de servidumbre”, esta obra se convirtió en un éxito. Hayek sostenía que toda forma de intervencionismo estatal resultado de la planificación de la economía trae consigo letales consecuencias para la civilización.

En su libro “El uso del conocimiento en la sociedad” convirtió a la economía en un tema epistemológico y no solo técnico. No hay mente ni gobierno alguno que pueda dirigir el conocimiento disperso en la sociedad de millones de personas. El diseño y la planificación social traen desgracias.

La crítica de Hayek al “cientificismo” resulta demoledora para las buenas intenciones de los “ingenieros sociales”. Las ciencias sociales son diferentes a las ciencias exactas. No es de sorprendernos que su último libro, de sus más de cincuenta obras, lleve por nombre “La fatal arrogancia”.

Sea este mi homenaje a F. Hayek de quien seguimos aprendiendo.

(*) Presidente del Centro de Estudios Sociales (CES). Miembro del Foro de Madrid. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”, “Cartas sobre el liberalismo”, “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes”, y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la libertad y la República”.

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