- POR LICENCIADA SELVA RIQUELME
- Comunicadora, defensora de la inclusión y la educación inclusiva
El Puerto de Asunción, con su brisa histórica y su mirada hacia el río, se convirtió, los días 9, 10 y 11 de abril, en el epicentro de una revolución silenciosa pero imparable. Allí, en el marco del Primer Congreso Iberoamericano de Educación Inclusiva, la teoría académica cedió paso a la vida misma a través de un espacio que llevaba por nombre una declaración de principios: “Incluso Yo”.
Tuve el inmenso honor de habitar ese espacio como entrevistadora. Mi labor no fue simplemente hacer preguntas; fue abrir ventanas a universos personales. Por el set pasaron exponentes internacionales, familias valientes, voluntarios incansables y participantes que traían consigo el peso de sus desafíos y la luz de sus esperanzas. Cada entrevista fue un intercambio de saberes donde confirmé que, aunque vengamos de países distintos, el anhelo de un mundo sin barreras es un idioma universal.
Como mujer con discapacidad, vivir esta experiencia fue mucho más que un compromiso laboral. Fue la oportunidad de demostrar que la inclusión no es una promesa lejana ni un gesto de caridad; es un eje que atraviesa instituciones y, sobre todo, el alma humana. A través de estos relatos, queremos que el mundo comprenda que la inclusión no debe ser la excepción, sino la norma. No es un favor: es un derecho.
Nada de esto hubiera sido posible sin la confianza de la Federación Juntos por la Inclusión, en la persona de su presidenta, la arquitecta Sonia Carísimo, y la visión de Miriam Acuña, que impulsó este espacio con fuerza renovada.
Nos fuimos del Puerto con la certeza de que la inclusión depende de la actitud y de la voluntad de no dejar a nadie atrás. Porque cuando entendemos que todos somos parte, el mundo se convierte, finalmente, en un lugar para todos.

