- Hno. Mariosvaldo Florentino
- Capuchino
Muchas son las partes del evangelio de este fin de semana que nos ayudan a reflexionar sobre nuestra vida cristiana, pero en sintonía con toda la Iglesia católica que en este domingo celebrará en unión con la diócesis de Roma el inicio de Pontificado del nuevo Papa Benedicto XVI, pienso que esta frase “Yo soy el camino, la verdad y la vida” es muy oportuna para nuestra reflexión.
Jesús nos dice “Yo soy el camino.”
Desde el principio la Biblia nos habla que delante de nosotros están abiertos dos caminos: el de la vida (con todo lo que esta palabra significa: bien, crecimiento, amor, verdad, justicia, fraternidad, paz ...) y el camino de la muerte (también con todos sus significados: mal, ruina, odio, mentira, exploración, egoísmo, guerra ...).
Depende de nosotros: si elegimos el camino de la vida, viviremos; pero si elegimos aquel de la muerte, pereceremos. No existen caminos intermediarios. No podemos dar algunos pasos hacia la vida y otros hacia la muerte, no podemos avanzar en los dos. Ellos no son paralelos, son opuestos. Por otro lado no es posible estar parado.
O yo camino hacia el bien, esforzándome para dar cada paso, o soy trajinado, llevado hacia el mal.
Es por eso que Jesús si propone como el camino para nuestras vidas, y nos desafía a empezar este itinerario. Él si dispone a ayudarnos, a ser fuerza en nuestro caminar, así como también la comunidad cristiana, la Iglesia, que otra cosa no desea que ayudarnos a caminar hacia la vida.
Jesús nos dice “Yo soy la verdad.”
Y esta palabra para muchos ya suena un poco extraña. Estamos todos inmersos en una fuerte ideología de que la verdad no existe. Es el famoso relativismo. Todo es relativo. Todo depende de la situación, de la historia, de las opiniones. Se dice que cada uno tiene el derecho de tener su verdad. Lo importante es que se sienta bien y feliz. Pero esta ideología es autodestructiva y conduce a la muerte.
Mascarada con la tolerancia estamos criando un imperio del mal, donde el dialogo es siempre mas difícil, donde los valores van perdiendo el sentido y se tornan ridículos, donde reina el principio del “quien puede más, llora menos”. Sin referencia a una verdad que está más allá de nuestros criterios mezquinos, estamos generando un mundo donde la convivencia es imposible.
Es en esta situación que se hace urgente proclamar que la verdad existe, y ella si llama: Jesús. Yo no soy el criterio ultimo de las cosas. Yo no soy llamado a inventar mi verdad, pero soy llamado a convertirme a la verdad, a conocerla, a aceptarla y a practicarla aunque me traiga algún dolor.
Es urgente conocer el Señor, y en él descubrir la verdad. Es solamente la Verdad que nos puede hacer libres, dejándonos inmunes a las manipulaciones de los promotores de la cultura de la muerte.
Jesús nos dice: “Yo soy la vida”.
Como ya vimos arriba estas tres cosas: camino, verdad y vida, están muy conexas entre sí. Una llama a la otra. Para el mundo de las ilusiones, vivir es aprovechar la “vida”.
Es tener muchos bienes, sin importar se son de origen licita o no.
Es buscar todos los placeres sin pensar a responsabilidades, o mejor evitándolas.
Es creer que lo único importante es yo mismo, mi proyecto, mi carrera, mi felicidad.
Pero, bien sabemos que no existe Vida fuera de Dios. Quien verdaderamente quiere vivir, necesariamente deberá acercarse a Cristo, única fuente autentica de vida.
El Señor te bendiga y te guarde,
El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

