• Emilio Agüero Esgaib
  • Pastor

Honra a tu padre y tu madre, para que disfrutes de una larga vida en la tierra que te da el Señor tu Dios”. Éxodo 20:12.

Todos sabemos, hasta el más ignorante, que cuando se tiene una familia frágil, sin fundamentos morales, cuando no enseñamos a nuestros hijos lo que está bien y lo que está mal, cuando damos malos ejemplos, cuando no invertimos tiempo, amor fiel y, como creyentes, no vivimos una fe genuina nuestra familia es vulnerable, nuestros hijos expuestos a cualquier cosa y el dolor está a la puerta, aunque tarde en entrar.

El matrimonio, que es el principio de una futura familia, empezó en el cielo, pero se vive en la Tierra. Empezó en pureza, pero se vive en impureza, en celos, traiciones, deslealtades, rupturas. Se inició sin egoísmo y sin pecado, pero se vive en orgullo y lleno de pecados.

Invitación al canal de WhatsApp de La Nación PY

El matrimonio y la familia fueron creados por Dios para mayor plenitud del ser humano, pero el pecado embarró todo y, aunque no existe familia perfecta ni matrimonio perfecto a causa del pecado, aun así Dios nos pide que vivamos en matrimonio y en familia (salvo excepciones por llamado de Dios al celibato o alguna circunstancia externa que no podemos evitar que ocurra como muerte).

La frase que dice “el buen matrimonio (o familia) se parece al cielo y el mal matrimonio es un anticipo al infierno” no está literalmente en la Biblia, pero es una verdad espiritual. El matrimonio se presenta como un reflejo de la relación de Cristo con su Iglesia, lo cual es una relación perfecta que será eterna. En un buen matrimonio y en una buena familia se ve el reflejo divino con unidad, lealtad, paz, edificación y fruto del espíritu.

El mal matrimonio o la mala familia en la Biblia se refleja como una tortura constante e ininterrumpida como Proverbios 27:15, que habla de una “gotera continua” que refleja contiendas donde no hay descanso y tiene la capacidad de desgastar aún lo más sólido (como la gotera de agua a la piedra).

También podría compararse, como dice Proverbios 21:19, con desierto y soledad aun rodeado de muchos (cónyuge e hijos) o como también Pr. 12:4 describe las malas relaciones maritales como amargura y “carcoma en los huesos”. Y es así.

Es por eso que tenemos que obedecer fielmente a Dios para tener un matrimonio y una familia sólida que, en medio de nuestras limitaciones y pecados, pueda parecerse lo más posible al cielo.

Pero para obedecer necesitamos fe o confianza en quién vamos a obedecer, o sea, a Dios. Necesitamos primero entender que obedecer a Dios es sinónimo de libertad y plenitud.

Déjanos tus comentarios en Voiz