- Por Benjamín Livieres
- Analista político
Nunca se explicó debidamente el significado y los alcances del “segundo tiempo”, permanente invocado por autoridades del gobierno. Santiago Peña dijo al respecto que para esta etapa “necesitamos un gobierno más presente” y “un Estado que cuide más a los paraguayos”. Y según la página oficial de la presidencia, implicaría “acelerar la ejecución de políticas públicas, imprimir mayor dinamismo a la gestión y concentrar esfuerzos en resultados concretos”, lo que no lo haría muy distinto al “primer tiempo” en cuanto a contenidos, sino a la velocidad en la implementación de los proyectos.
Hasta ahí esta todo bien, si tales enunciados se “bajan a tierra” y se traducen en programas específicos que impacten positivamente en la realidad. El tema se torna más complejo cuando, en paralelo, la administración central debe honrar deudas a firmas constructoras y farmacéuticas que se acumularon inexplicablemente durante la gestión de Carlos Fernández Valdovinos, alcanzando niveles que rondan los 1.500 millones de dólares. Una montaña de dinero, que refleja problemas por identificar, asumir y resolver.
El exministro de Economía, con el agua ya por la nariz, esbozó una fórmula para hacer frente a estas cuestiones. Reconoció que, por una serie de factores, algunos razonablemente explicados y otros no, el Estado carecía de recursos para cumplir con esas obligaciones. “No hay plata”, nos dijo, al puro estilo Milei. Y la salida que atinó a plantear fue una “economía de guerra”, epílogo penoso de su gestión.
Dos semanas después de su renuncia, el nuevo ministro Óscar Lovera anunció el pago de 150 millones de dólares a las vialeras y USD 180 millones a las farmacéuticas. Total, USD 320 millones entre abril y mayo. ¿De dónde apareció ese monto que, según Fernández, no existía? Es todo un misterio, porque los problemas fiscales son reales, según la opinión unánime de técnicos oficiales y economistas del sector privado.
Volvamos al “segundo tiempo”. Es una obviedad que el primer paso para avanzar en dirección a las metas enunciadas es cancelar las deudas o una parte significativa de las mismas. Los pagos parciales a efectuarse son importantes, pero el saldo seguirá siendo muy grande, de USD 1.000 millones aproximadamente. ¿De dónde saldrá lo que falta? ¿Cuánto se pagaría este año y cuánto podría diferirse para el próximo? ¿Qué inversiones previstas dejarían de ejecutarse, considerando que los egresos proyectados originalmente son superiores a las recaudaciones? Y tan importante como estas preguntas, ¿cuál es el plan para evitar que esta historia se repita a corto o mediano plazo?
Pero el segundo tiempo no se limita, en teoría, al juste de las cuentas públicas, sino abarca las referidas a las condiciones de vida de la población, a eso que Peña llamó “cuidar más a los paraguayos”. En la teoría y en la práctica, si el oficialismo tiene pretensiones de retener el poder en 2028, que las tiene, lo que significaría no solo sostener los programas sociales sino, además, redefinir rumbos en áreas de importancia capital, como salud, educación y obras públicas, entre otras.
Y así se cierra una ecuación por demás contradictoria: ajustar el gasto público, dada la insuficiencia de recursos, pero sosteniendo y en algunos casos ampliando las políticas públicas, que requerirán inversión.
Así arranca este segundo tiempo, sobre el que son demasiadas las interrogantes y aún pocas las respuestas.

