El “Sueño chino” no es solo una con­signa de propaganda; es un cronóme­tro geopolítico. Para el año 2049, el centenario de la República Popular, China aspira tener completo su “gran rejuveneci­miento nacional”, posicionándose como la potencia global indiscutible, con un ejército de “clase mundial” y una hegemonía tecnológica total. Sin embargo, en el análisis estratégico, las fechas simbólicas suelen chocar con la rea­lidad biológica y la urgencia militar.

LA BIOLOGÍA DEL PODER

Xi Jinping, el arquitecto de esta nueva era, tiene hoy 72 años. Para el fatídico 2049, Xi tendría 96 años. Aunque ha consolidado un poder no visto desde los tiempos de Mao Zedong, eliminando límites de mandatos y rodeándose de leales, la biología y el tiempo imponen sus propias agendas. Aquí surge la gran interrogante para Pekín: ¿Puede el “Sueño chino” sobrevivir sin su principal impulsor, o sentirá Xi la urgencia de conso­lidar los hitos más controversiales –como la unificación con Taiwán– mientras aún sostiene firmemente el timón? La historia nos enseña que los líderes con ambiciones de legado histórico suelen desconfiar de la paciencia de sus sucesores.

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2027: EL UMBRAL CRÍTICO

Mientras el mundo mira hacia mediados de este siglo, existe una fecha mucho más cer­cana y, quizás, más peligrosa: 2027. Este año marca el centenario de la fundación del Ejér­cito Popular de Liberación (EPL).

No es una fecha elegida al azar. La inteligen­cia estadounidense y diversos observadores regionales sugieren que Xi ha instruido a sus fuerzas armadas para que, para ese año, ten­gan la capacidad técnica y operativa de llevar a cabo una invasión exitosa a Taiwán. El 2027 no es necesariamente la fecha de una guerra, pero sí es el momento en que el equilibrio de poder en el estrecho debería (en los planes de Xi) inclinarse de forma irreversible.

EL DILEMA DEL “GRAN REJUVENECIMIENTO”

Si el objetivo de 2049 requiere estabilidad eco­nómica y una red global de comercio (como la Franja y la Ruta), una aventura militar prema­tura en 2027 podría poner en riesgo todo el edificio. China se enfrenta a un declive demo­gráfico que empezará a pesar seriamente antes de 2049. También aparece en el horizonte, una desaceleración económica que cuestiona el contrato social del Partido Comunista de China (PCCh). No menos importante y no se debe olvidar, la arquitectura de la defensa regional como el fortalecimiento de las Fuer­zas de Autodefensa de Japón, que se está cerrando para contener sus ambiciones.

El “Sueño chino” es una carrera de fondo, pero Xi Jinping parece estar imprimiendo un ritmo de carrera de 100 metros. La tensión entre la meta lejana de 2049 y la ventana de opor­tunidad militar de 2027 definirá no solo el destino de China, sino la estabilidad de todo el Indo-Pacífico. Para un líder que busca la inmortalidad política, el tiempo es el único adversario que no puede ser purgado.

En sucesivos artículos, iremos analizado y relatando, con base en la experiencia perso­nal de visitar Okinawa y conocer de primera fuente, tanto la preocupación como la ocu­pación de Japón, con respecto al peligroso crecimiento militar chino para la región del Asia Oriental que apunta como primer obje­tivo a romper la primera línea de islas que hoy la encierran.

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