- Víctor Pavón (*)
La Ley de Responsabilidad Fiscal aprobada en el año 2013 durante el exitoso gobierno de Horacio Cartes fue un notable avance en nuestro ordenamiento jurídico económico para contener el aumento descontrolado del gasto público.
El 1,5 % del déficit en relación al producto interno bruto (PIB) es destacable, aunque a mi criterio debería ser de cero, ningún déficit. Hoy, el populismo estatista pretende cambiar aquella normativa.
En términos prácticos establecer límites al déficit es como una camisa de fuerza para que los políticos y burócratas no eleven el gasto público sin correspondencia con los ingresos al erario y la marcha de la economía. De no existir esta regla, al igual que otras, tendríamos problemas sociales como, por ejemplo, la inflación, que estaría castigando sin tregua especialmente a los más pobres.
Hoy se sabe que cuanto más respetadas sean las reglas institucionales que garantizan la libertad y la propiedad, tal como dijo Douglas North ( Nobel de Economía, 1993) suceden los cambios para bien de todos. Más confianza y seguridad atraen inversiones y puestos laborales.
La creación de más y mejores bienes y servicios que mejoran nuestra calidad de vida no son el resultado de las planificaciones realizadas en las lujosas oficinas de los tecnócratas. La riqueza y su distribución provienen de la cooperación social de la libertad y de la propiedad privada, del trabajo y del esfuerzo de miles de personas que en procura de sus propios intereses benefician a otros sin apelar a la violencia.
Pese a las contundentes evidencias, las ideas equivocadas del estatismo neokeynesiano divulgadas en los centros de estudios insisten en la demanda agregada, la participación activa del gasto estatal en la economía.
El neokeynesianismo no toma en cuenta cómo se origina el ahorro y la inversión. ¿De dónde creen los políticos y burócratas que proviene el dinero que gastan y malgastan desde el Estado?
Para obtener recursos en concepto de gastos, el Estado requiere de la coerción a través de multas, sanciones y hasta la cárcel, solo así se pagan los impuestos. Pero, a los políticos profesionales –que dicen representar al pueblo– les tiene sin cuidado el aumento del gasto. Buscando congraciarse con sus clientelas para ser reelectos, solo tienen que alzar la mano para aumentar los gastos, elevando el déficit.
Por estos motivos, las ideas de la libertad intentan poner freno al poder gubernamental, con propuestas correctas y razonables como la siguiente:“ Si un político aprueba déficit no será reelecto”. Milton Friedman, Nobel de Economía.
(*) Presidente del Centro de Estudios Sociales (CES). Miembro del Foro de Madrid. Miembro del Consejo Internacional de la Fundación Faro. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”: “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.

