• Por Gabriela Teasdale
  • Presidenta de Transformación Paraguay

En estos días, el mundo vuelve a mirar hacia las estrellas. El programa Artemis II ya está marcando un hito al concretar el regreso de una tripulación humana a la órbita lunar, recordándonos que, cuando la mentalidad es ganadora, no existen fronteras imposibles. Pero más allá de la hazaña tecnológica, este hito debe servirnos de espejo –esa prueba de que el ser humano está diseñado para lo extraordinario y que el “creer que se puede” es el motor que mueve al mundo.

Muchas veces, nuestras mayores prisiones no son las circunstancias, sino las creencias limitantes que arrastramos. Esas voces que heredamos o que el entorno nos repitió tantas veces que terminamos dándolas por verdades absolutas: “este es mi destino”, “en Paraguay luego es así”, “esto no va a cambiar”. Esos son los muros que debemos derribar primero.

Dios nos trajo a esta tierra con una carga inmensa de dones y talentos. No somos espectadores del progreso ajeno; somos un pueblo capaz de lograr la misma excelencia que vemos en las grandes potencias, pero esa grandeza no llegará por decreto, sino por decisión individual. Como paraguayos, debemos asumir la responsabilidad radical de nuestras vidas. Cada uno de nosotros debe actuar reconociendo que es “uno de los 7 millones de habitantes”. Honrar esa cifra significa entender que Paraguay no es algo externo que “debe mejorar”; Paraguay somos nosotros mejorando.

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La buena noticia es que el cambio no es una ecuación compleja. Se manifiesta en los pequeños actos que, acumulados, se vuelven gigantes. Honramos al país cuando cuidamos los espacios públicos como si fueran nuestra propia sala; cuando el respeto al otro es la base de nuestra convivencia; cuando cumplir una promesa es una cuestión de honor. Honramos nuestra tierra cuando empezamos a creer que el cambio es posible, cuando decidimos pensar y hablar desde la construcción y no nos estancamos en lo negativo o en la crítica que destruye.

Honramos nuestra bandera cuando abrazamos la educación con hambre de aprender, entendiendo que el estudio es la herramienta para elevar nuestro criterio. La honramos cuando hacemos el trabajo con excelencia y elegimos la honestidad por encima de cualquier atajo, decidiendo no caer en la corrupción ni en el beneficio propio a costa del bienestar de los demás.

Tenemos que aprender a ponernos la Albirroja no solo cuando juega la selección o cuando llega el Mundial. Tenemos que vestirnos con ese compromiso todos los días al salir a la calle. Salir a entregar lo mejor a esta tierra guaraní es la única forma de ser parte del país que también está destinado a crecer y mostrar su grandeza. Un Paraguay mejor se logra cuando crecemos los paraguayos, cuando dejamos de lado el conformismo y transformamos cada pensamiento, palabra y acción en una semilla de integridad.

Si el mundo ya está viviendo la misión de orbitar la Luna con Artemis II, ¿estamos nosotros listos para despegar y demostrar la grandeza de nuestra tierra aquí abajo?

La verdadera conquista no es el espacio, es nuestra mentalidad. No esperemos que las circunstancias cambien para empezar a creer; empecemos a creer para que las circunstancias cambien. Es momento de asumir nuestro autoliderazgo y construir, desde cada pensamiento y acción, la nación que nos merecemos.

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