Por Víctor Pavón
Se dice a menudo que Paraguay debe aprovechar mejor sus recursos naturales, elevar sus niveles de tecnología y obtener más ventajas comparativas. Para ello, el Estado tiene que gastar más e intervenir en ciertos sectores. Esto, y pese a la retórica dominante, es un error.
En realidad, si se pretende convertir al país en una nación fuerte y próspera en todos los aspectos, su economía tiene que ser mucho más libre. Esto es, abandonar de una vez por todas la mentalidad estatista y burocrática por el cual las personas dejen ser molestadas por los políticos y burócratas con impuestos, trámites y malas regulaciones.
Paraguay puede ser un milagro económico sostenible en el tiempo. El milagro económico, por cierto, como tal no existe porque induce al error de creer que el Estado es el actor principal en la sociedad. No es así. Tampoco hay nada de sobrenatural e inexplicable. A la fecha y en pleno siglo XXI, se sabe suficientemente sobre que el crecimiento de la economía de la prosperidad es obra de los individuos, familias y empresas que todos los días trabajan, producen y comercian; a más ahorro e inversiones, más altos son los salarios y más elevadas las ganancias empresariales.
Lo que sí y definitivamente existen son ideas correctas o incorrectas. Esas ideas se clasifican en dos. La primera serie de ideas son las incorrectas basadas en lo que le llaman “ideas sociales”, donde se fusionan el nacionalismo y la planificación estatal: Estas ideas y prácticas fracasaron y llevaron a las personas a más pobreza, desempleo y miseria, creándose castas de privilegiados que viven a costa de los demás.
La otra línea de ideas es la correcta y relativamente nueva en la historia de la humanidad. Surgieron y se empezaron a practicar con la cooperación social de miles de personas y que los pensadores de la libertad explicaron desde el siglo XVII en Holanda, Inglaterra y parte en Francia y luego en los Estados Unidos de América. Fue un proceso de carácter evolutivo que nadie, ninguna persona o grupo de personas planificó y dirigió. Requiere el crecimiento económico para la prosperidad de una serie de ideas que con el tiempo consiguieron mejores resultados que otros.
El crecimiento económico de la prosperidad en ningún modo proviene del Estado, este órgano es su freno que solo crea privilegio y riqueza mal habida. Si hablamos de desarrollo, la misma surge de una mentalidad basada en el respeto de los derechos individuales a la vida, la libertad y la propiedad, la supremacía del individuo sobre el Estado. Cuanto más libertad económica exista, más altas son las condiciones de vida de la población.
Nuesro país para lograr la prosperidad que anhelamos deberá abandonar de una vez por todas y sin retaceo la mentalidad estatista, intervencionista y burocrática, abrazando las ideas de la libertad.
(*) Presidente del Centro de Estudios Sociales (CES). Miembro del Foro de Madrid. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”, “Cartas sobre el liberalismo”, “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes”, y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la libertad y la República”.

