- Arturo Peña Villaalta
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El pasado 1 de abril partía desde el Centro Espacial Kennedy de la NASA la misión Artemis II transportando la cápsula Orión y a sus cuatro tripulantes: el comandante Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen.
Una misión espacial volvía a tener como destino a la Luna luego de más de 50 años. Si bien la que siempre tenemos presente es la del Apolo 11 (julio de 1969, el primer alunizaje), la última misión tripulada que pisó suelo lunar fue la del Apolo 17, en diciembre de 1972. Hasta hoy son 12 las personas que han cumplido el suelo de caminar en la Luna.
Artemis II lleva un paso adelante el desafío de conquista del satélite natural de la Tierra. Es el puntal de un proyecto a largo plazo que apunta a instalar una base permanente, con presencia humana.
Orión realizó un sobrevuelo alrededor de Luna captando imágenes de zonas nunca antes vistas. Estos registros permitirán un mejor conocimiento del terreno lunar. Pero no fue solo eso. Los astronautas de esta misión se convirtieron también en los humanos que más lejos llegaron en el espacio al circunvalar la Luna, colocándose a 406.778 kilómetros de la Tierra.
Un nuevo hito alcanzado en la conquista del espacio que demuestra la enorme capacidad del hombre de trascender a través de la ciencia. Son pasos que llevan a la especie humana hacia su devenir. Lo que un día fue ciencia ficción, hoy es realidad. Lo que en un punto de la historia era futuro, hoy es presente.
Artemis se suma a una serie de importantes hallazgos científicos relevantes en la historia reciente. Enfocándonos solo en este siglo encontramos la tecnología CRISPR-Cas9, que ha revolucionado la genética mediante la edición genes en organismos vivos. Esto permite el desarrollo de terapias genéticas para tratar enfermedades hereditarias antes consideradas incurables. También en la investigación del cáncer ha generado esperanzas de tratamientos más efectivos.
Los coches autónomos son una tecnología en desarrollo pero ya aplicada en algunas partes del mundo. Su evolución podría mejorar la seguridad vial, reducir la congestión, acercándonos a ese futuro donde los autos se conducirán solos.
Otro gran avance es el grafeno, considerado el material del futuro debido a sus propiedades excepcionales. Descubierto y aislado por primera vez en 2004, el grafeno es valorado por su gran resistencia, flexibilidad y conductividad, que lo hacen ideal para su uso en electrónica, almacenamiento de energía y dispositivos médicos.
Los avances en computación cuántica, las interfaces que conectan cerebro y computador y la muy mentada inteligencia artificial se pueden sumar a este listado mucho más amplio. Todos estos avances representan un paso hacia el mundo del futuro, más avanzado, eficiente, más saludable y sostenible. Pero en paralelo, hay también retraso.
Internet, uno de los mayores inventos modernos, la herramienta que conectó y cambió el mundo, fue banalizada. Se ha llenado de contenido dudoso por parte de gente inescrupulosa, se contaminó de información incierta y pseudoconocimiento.
Autodenominados coach que hablan sobre temas de los que no tienen conocimiento. Influencers que riegan las redes con contenido basura, sin fundamento, ofensivo, idiotizando a toda una generación y encima, ganan dinero con eso.
“El aspecto más triste de la vida en este preciso momento es que la ciencia reúne el conocimiento más rápido de lo que la sociedad reúne la sabiduría”, afirmaba el gran escritor de ciencia ficción Isaac Asimov (1920-1992), un hombre que dedicó su vida a imaginar el futuro a través de su obra, sobre bases científicas.
Lo que va a pasar en el mundo, en el futuro próximo de la humanidad, debería ocuparnos un poco más. El 30 de marzo, un día antes del lanzamiento de Artemis II, en nuestro Congreso el tema de discusión era la expulsión de un senador de formación muy limitada. Pensar en el futuro no es un tema menor, especialmente en países como el nuestro donde no se ha desarrollado tecnología suficientemente.

