DESDE MI MUNDO

  • Por Carlos Mariano Nin
  • marianonin@gmail.com

18:30. Hace un calor insoportable. La calle es un hervidero. Salir del trabajo y llegar a casa se vuelve una aventura casi épica para miles de personas.

Al llegar a Choferes del Chaco y Fernando de la Mora, los nervios ya no pueden ocultarse y estallan cuando un ejército de vendedores informales ataca en el semáforo como si fuera su última estrategia contra un mal día.

Invitación al canal de WhatsApp de La Nación PY

Chipa, aceite, jabón, pasta de dientes, frutas y una que otra solución mágica a la caída del cabello o el mal aliento. Es la lucha diaria por ganarse el pan, sobrevivir en la calle vendiendo cualquier cosa.

En Paraguay, la mayor parte del empleo se genera en la economía informal.

No es un secreto.

Según la última Encuesta Permanente de Hogares Continua, alrededor del 62,5 % de la población ocupada trabaja de manera informal, lo que representa aproximadamente 1.522.000 personas en 2024.

Hombres sacrificados en una constante lucha por el pan. Con pocos derechos y muchas obligaciones.

El repentino cambio de luces detiene a los vehículos. Un instante para que aflore la situación más detestable del tedioso camino a casa.

Cuatro jóvenes de entre 20 y 35 años rodean a una mujer que va en auto. La chica sabe lo que le espera y busca desesperada unas monedas. Mientras limpian su parabrisas no dejan de mirarla.

Es la forma de intimidarla.

Es el otro ejército. El de la forma más fácil de hacer dinero metiendo miedo y juntando rabia. Caminan presurosos buscando a sus víctimas. Generalmente a mujeres que conducen solas y jóvenes con caras de inocentes.

Se abalanzan sobre los vehículos con caras de pocos amigos y desprecio a la vida.

Un problema que crece y se multiplica y aparentemente no tiene solución. Ninguna autoridad esbozará una ley o una ordenanza que le reste votos.

Es la realidad.

Insultos, monedas que caen, uno que otro golpe al aire y a seguir el viaje. Todo volverá a repetirse en el próximo semáforo. El tránsito caótico solo es una excusa en cualquier lugar convirtiendo a cualquier ciudad en “la ciudad del miedo”.

Pero esa es otra historia.

Déjanos tus comentarios en Voiz