• Víctor Pavón (*)

El reordenamiento geopolítico global puesto en marcha en este momento con la guerra entre Rusia y Ucrania y más recientemente en Oriente Medio entre Estados Unidos e Israel contra Irán y sus aliados como el Hezbolá en Líbano, los huties en Yemen y la Yihad Islámica en la Franja de Gaza, requiere de garantizar como país nuestro orden fiscal y monetario, acometiendo con firmeza las reformas para incentivar el capital.

Para ello, debemos llevar a cabo cuanto antes un programa de austeridad del Estado. La austeridad no es una moda a implementarse es la forma en que el Estado debe comportarse para que los políticos y burócratas se vuelvan servidores.

Significa la reducción del tamaño del Estado y de sus gastos para dejar libres los cuantiosos recursos producidos por el sector privado. Consiste en maximizar la libertad y la propiedad privada para que (dada la existencia del Estado) el dinero permanezca en la mayor proporción posible en los bolsillos de la sociedad civil.

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El programa al que hago mención es de austeridad con profundo contenido económico y moral: Tiene que terminar la expoliación proveniente del órgano monopólico llamado Estado.

En términos prácticos requiere, para empezar, que el Poder Ejecutivo no cuente con más tres (3) ministerios y secretarías de los diecisiete (17) que hoy existen. Nada podría ser mejor para el futuro de nuestro país que reducir y derogar los impuestos en un ambiente de seguridad, de modo a fomentar la iniciativa individual y empresarial.

El Estado como organización no posee un solo guaraní que previamente no haya sustraído al sector privado mediante la coerción, método que para muchos es natural en la democracia, pero nada dicen sabiendo de su absoluta inmoralidad, una agresión a nuestra vida, libertad y propiedad.

Hago expresa mención de lo siguiente. Los que saben de esto se valen del intervencionismo estatal causando los ciclos económicos de auge y recesión. Y lo hacen adrede.

Esto es, los estatistas keynesianos consideran que la austeridad significa crisis dado que para ellos el Estado es el que resuelve los problemas sociales. Una falacia. Para los estatistas, el recorte de gastos paradójicamente les significa una oportunidad para crear y aumentar impuestos e incentivar políticas monetarias inflacionarias.

La realidad es que al reducirse el área de influencia estatal, las personas tienen más incentivos para cooperar mediante la división del trabajo, crean más ahorro e inversión, aumentan la producción y la productividad y de este modo se multiplican los empleos y salarios.

Este es el fundamento económico y moral para un programa de austeridad del Estado porque este órgano, y no los individuos, es el que debe ajustarse los cinturones para terminar con la canonjías del poder y la riqueza mal habida.

(*) Presidente del Centro de Estudios Sociales (CES). Miembro del Foro de Madrid. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”, “Cartas sobre el liberalismo”, “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes”, y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la libertad y la República”.