- POR JUAN CARLOS DOS SANTOS G.
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En el tablero de la geopolítica actual, una parte de la izquierda radical y el socialismo del siglo XXI parecen haber extraviado su brújula ética. Lo que antes se presentaba como una lucha por la emancipación y los derechos humanos, ha mutado en un “antiimperialismo” reactivo que los lleva, sistemáticamente, a alinearse con los regímenes y organizaciones más represivos y violentos del planeta. La premisa es tan simple como peligrosa: cualquier enemigo de Occidente, por teocrático o sanguinario que sea, es un aliado táctico.
ABSURDO IDILIO CON LA TEOCRACIA IRANÍ
Resulta paradójico que sectores que en sus propios países enarbolan las banderas del feminismo, el laicismo y los derechos LGTBIQ+, hoy se conviertan en escudos retóricos del régimen iraní. Irán no es una democracia; es una teocracia autoritaria que sofoca sistemáticamente las libertades individuales y castiga con la muerte la disidencia. Al apoyar a Teherán bajo la excusa de la soberanía nacional, esta izquierda ignora deliberadamente a las mujeres persas que arriesgan la vida por quitarse el velo. La ceguera es voluntaria: prefieren el autoritarismo teocrático antes que admitir cualquier coincidencia con los valores democráticos occidentales.
APOLOGÍA DEL TERRORISMO: EL CASO DE HAMÁS
Esta misma disonancia se observa en el conflicto de Oriente Medio. El apoyo –unas veces explícito y otras camuflado de “resistencia”– a grupos como Hamás, revela una ignorancia suicida. Hamás no busca la convivencia, sino la aniquilación total del Estado hebreo, un objetivo plasmado en su propia carta fundacional. Es una ironía trágica ver a activistas occidentales e intelectuales de izquierda defender a una organización que, de tener la oportunidad, eliminaría sus estilos de vida por considerarlos “decadentes” o “infieles”. La defensa de la causa palestina es legítima, pero la capitulación moral ante el terrorismo yihadista es un síntoma de una profunda crisis de valores.
ANCLAJE EN EL FRACASO: CUBA Y VENEZUELA
El análisis no puede obviar el componente regional. En las redes sociales, catedráticos y periodistas “ilustrados” continúan operando como altavoces del régimen cubano y del chavismo/madurismo. A pesar de las evidencias del colapso económico, la represión política y el éxodo masivo de millones de ciudadanos, estos sectores insisten en culpar exclusivamente a factores externos. Se defiende la “justicia social” de regímenes que han empobrecido a sus pueblos hasta la miseria, mientras los propios defensores disfrutan de las garantías de libertad de expresión y consumo que solo la democracia liberal occidental les permite.
EN EL LADO INCORRECTO DE LA HISTORIA
Al final, lo que prevalece es un resentimiento contra Occidente que actúa como un filtro deformador. Para esta izquierda radical, el “antiimperialismo” es un cheque en blanco que justifica dictaduras, teocracias y grupos terroristas.
En su afán por destruir lo que consideran el “orden establecido”, terminan defendiendo sistemas que son la antítesis de la democracia. Defender la forma de vida occidental no es defender la perfección, sino proteger el único marco institucional que permite la disidencia, el debate y la libertad individual. Abandonar esos principios para abrazar a sus verdugos no es progresismo; es una claudicación moral frente a la barbarie.

