- Por el Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro
- MBA
- Consultor Financiero
Cuando nos vemos “bombardeados”cada día por un cúmulo de tareas, prioridades de otras personas o distracciones e interrupciones, resulta fácil que nos distraigamos y nos desconcentremos. Deberíamos mantener un ritmo de trabajo constante acompañado de la capacidad de distinguir lo importante de lo urgente.
Si deseamos controlar nuestra vida laboral y empezar a establecer una diferencia, debemos asegurarnos primero de que conocemos y comprendemos nuestras funciones y sus objetivos primarios.
-Comprensión de las funciones que desempeñamos: en un ambiente de trabajo que cambia continuamente, esta comprensión puede ser más difícil de lo que parece. Probablemente, podríamos tener unas pautas de trabajo escondidas en algún lugar desde el día en que nos contrataron. Sería bueno poder tener una lista de objetivos primarios que puedan orientarnos en nuestro trabajo. Deberían estar establecidos en el contexto de la empresa en la que trabajamos.
Una organización efectiva será aquella que fije metas y objetivos corporativos claros, que se organicen jerárquicamente en planes de departamento y contemplen los objetivos individuales acordados entre nuestro jefe y los que estamos bajo su supervisión.
Si no comenta con nosotros los objetivos que se han de establecer, podríamos considerar la posibilidad de estructurar los que creemos que deberían ser nuestros objetivos y solicitarle de ser necesario que nos dé el visto bueno o los corrija.
Deberíamos aspirar a establecer objetivos en relación con nuestro desarrollo personal y profesional, o con nuestra vida fuera del trabajo.
Por ejemplo, podríamos decidir que una de nuestras metas para obtener una mejor organización es eliminar el hábito de llevar trabajo a nuestra casa los fines de semana, y de este modo podremos pasar más tiempo con nuestros hijos, dedicarnos a un deporte o hobby y tener los fines de semana libres.
-Objetivos factibles: cualquier objetivo que establezcamos debe ser factible ¿Por qué? Porque estamos utilizando el objetivo como una manera de consumar hechos y de obtener el afianzamiento proveniente del éxito.
El propósito de los objetivos no es añadir mayor estrés a nuestra vida ni provocar las consecuencias negativas derivadas del fracaso. Establezcamos nuestros objetivos siempre con un cierto reto, pero asegurándonos de que no sean inalcanzables.
-Objetivos orientados a resultados: los objetivos deben ser descriptos en términos de resultados obtenidos y no de actividades llevadas a cabo. Si, como parte de nuestra iniciativa para convertirnos en un ser más organizado, decidimos llegar una hora antes al trabajo cada mañana, con estos términos describimos la actividad que hemos realizado.
Podríamos pasar esa hora tomando café y charlando, y habremos cumplido nuestro objetivo.
-Objetivos realizables en el tiempo: los objetivos requieren un plazo de tiempo en el cual deben ser completados. Esta característica se halla estrechamente relacionada con su factibilidad. Un objetivo ha de ser factible en un plazo de tiempo y no en otro.
-Organicemos nuestro tiempo: el tiempo difiere de otros recursos en que este se reparte equitativamente. Cada día disponemos de la misma cantidad. La diferencia radica en que somos nosotros quienes escogemos como emplearlo y aprovecharlo. El objetivo de administrar el tiempo correctamente es reducir el número de horas de trabajo o cumplir con más expectativas en el mismo número de horas.
Es una cuestión de prioridades. Cuando decimos: “no tengo tiempo para esto”, en realidad estamos diciendo “tengo algo más importante que hacer”. El problema es que, por culpa de una planificación mal planteada, podemos perder el control de nuestro horario y no diferenciamos las demandas de tiempo que podremos amortizar de las que no podremos hacerlo

