- Por Víctor Pavón
El proyecto de ley de modificación de las cajas fiscales remitido por el Poder Ejecutivo fue un intento por cambiar el rumbo colisión de un barco. Los diputados al comienzo lo sostuvieron correctamente hasta que llegó al Senado que se encargó de retomar el rumbo de choque. Luego, los diputados “curiosamente” cambiaron de posición colocando al barco nuevamente en trayectoria de impacto.
Ahora solo falta esperar lo peor. Esto no es un drama teatral, es puro realismo. Puede ser muy tarde. Para evitar la inminente colisión que se llevará consigo a la economía del país, el año que viene se debe realizar la reforma que aun no se realizó y que nadie se anima a hacer. La propuesta debe ser reformista a favor del pueblo. Esto es, acabar con el antieconómico e inmoral sistema actual de reparto por el de capitalización individual.
El problema no solo es el déficit que, por cierto, seguirá aumentado con la ley recientemente aprobada. El problema es el financiamiento del déficit. La respuesta no es complicada. Sin reforma de fondo y pronto, subirán los impuestos o se crearán nuevos, aumentará la deuda y/o se apelará a la emisión monetaria: el infierno en la tierra.
Ninguna de estas medidas son benignas. Son muy dañinas. Sus efectos son devastadores. Ni los impuestos, ni la deuda y tampoco la emisión de dinero son la respuesta. Pero, a diferencia de lo que parece, la solución es relativamente fácil si se cuentan con dos condiciones: ideas correctas y liderazgo.
Se sabe a ciencia cierta que las cajas fiscales son insostenibles dado que ingresa menos dinero de lo que se paga a jubilados y pensionados. Este problema se está financiando vía impuestos. Dicho de otro modo, se está agravando el problema, siendo el pueblo el que paga los privilegios de una minoría.
Todavía más, los nuevos aportantes de las cajas fiscales no contarán con jubilación. Para los nuevos aportantes será tarde. El sistema colapsará. Peor aun, los que no aportan ni tienen jubilación estatal (8 de cada 10 habitantes) de la población está pagando y pagará todavía más con el deterioro de sus salarios. Esto y reitero, no es un drama teatral, es puro realismo.
A los estatistas de todos los partidos políticos esta situación les tiene sin cuidado. El as que tienen bajo la manga es el Estado. Les encanta seguir sacando dinero a otros mediante la acción coercitiva. De hecho, vienen insistiendo sobre aumentar un “poco” los tributos, un “poco” el endeudamiento y un “poco” la inflación.
A los estatistas de cuna socialista no les interesa ninguna solución basada en la libertad y la propiedad privada por el cual cada persona debe tener el derecho de elegir dónde y cuánto disponer de sus propios ingresos para su jubilación y salud.
La característica común de los estatistas es obligar a otros por medio de lo que llaman “leyes sociales”. Esto no es un drama teatral, es puro realismo.
(*) Presidente del Centro de Estudios Sociales (CES). Miembro del Foro de Madrid. Miembro del Consejo Internacional de la Fundación Faro. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”: “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”

