• Por Eliana Eliendre

Participar en el Congreso ION sobre educación inclu­siva no fue simplemente asis­tir a un evento académico, sino vivir una experiencia profundamente transforma­dora tanto a nivel profesional como personal. En un con­texto donde la inclusión edu­cativa sigue siendo un desa­fío constante, este espacio se convirtió en una oportu­nidad para repensar prácti­cas, cuestionar estructuras y, sobre todo, reafirmar el com­promiso con una educación verdaderamente para todos.

Como psicóloga y maes­tra de apoyo a la inclusión, muchas veces el trabajo coti­diano puede volverse solita­rio o incluso abrumador. Sin embargo, en este congreso encontré algo fundamental: comunidad. Conocí a pro­fesionales comprometidos, con trayectorias diversas, que no solo compartieron sus conocimientos, sino tam­bién sus experiencias reales, sus dudas y sus aprendizajes. Ese intercambio humano fue, sin dudas, uno de los mayores valores del encuentro.

Uno de los aspectos que más me impactó fue la actualiza­ción en enfoques y estrategias inclusivas. A lo largo de las diferentes ponencias y talle­res, se abordaron herramien­tas concretas para acompañar a estudiantes con distintas necesidades, pero siempre desde una perspectiva respe­tuosa, centrada en la persona y en sus posibilidades.

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Además, el congreso me permitió reflexionar sobre mi propio rol dentro del sis­tema educativo. Muchas veces, quienes trabajamos en inclusión nos vemos como un apoyo externo, pero este espacio reforzó la idea de que somos agentes de cambio dentro de las instituciones.

Otro punto clave fue la impor­tancia del trabajo interdisci­plinario. Psicólogos, docen­tes, terapeutas y familias deben formar una red sólida, basada en la comunicación y el respeto mutuo. En este sentido, los profesionales que conocí durante el congreso fueron una guía valiosa para seguir creciendo y fortale­ciendo mi práctica.

También me dejó una certeza: la inclusión no es una meta que se alcanza, sino un proceso constante. Requiere formación continua, apertura al cambio y, sobre todo, sensibilidad.

Hoy puedo decir que el Con­greso ION no solo me brindó conocimientos, sino también motivación. Porque la edu­cación inclusiva no es una opción, es un derecho.

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