- Talor Shamash
- Primer secretario, jefe de Misión Adjunto y cónsul
El 8 de marzo, el mundo conmemora el Día Internacional de la Mujer: una oportunidad para honrar a las mujeres en nuestras vidas, reconocer logros importantes en la lucha por la igualdad y, al mismo tiempo, recordar que en muchas partes del mundo el camino hacia la igualdad y el respeto sigue siendo largo.
Como mujer, como madre y como diplomática, soy consciente de que el debate sobre los derechos de las mujeres no es solo una cuestión teórica o política. Afecta la vida misma: las oportunidades que se abren o se cierran, las voces que se escuchan o se silencian, y la capacidad de cada mujer de elegir su propio camino. Esta experiencia es compartida por muchas mujeres en todo el mundo, aunque las condiciones en las que viven sean muy diferentes.
Aquí, en Paraguay, la propia historia nacional evidencia la fortaleza de las mujeres. Tras el desastre nacional de la guerra de la Triple Alianza, cuando gran parte de la población masculina del país pereció, fueron las mujeres paraguayas quienes asumieron la histórica tarea de reconstruir la sociedad y el Estado. Trabajaron la tierra, criaron a la siguiente generación y reconstruyeron el tejido social de la nación. Por ello, en la conciencia nacional de Paraguay, la mujer no es solo un símbolo de resiliencia, sino también de renacimiento nacional.
Precisamente en el día dedicado a los derechos de las mujeres, muchos pensamientos se dirigen también a lugares donde las mujeres todavía deben luchar por sus derechos más básicos. Uno de esos lugares es Irán.
En 2022, una joven iraní llamada Mahsa Amini fue detenida por la “policía de la moralidad” de los Guardianes de la Revolución, bajo el alegato de que no llevaba correctamente su velo según la ley. Poco tiempo después de su detención, falleció en custodia, un hecho que desató un amplio movimiento de protesta en todo el país y en el mundo. Para muchas personas en Irán y fuera de él, su historia se convirtió en un símbolo de la lucha de las mujeres por el control sobre sus vidas, sus cuerpos y su futuro.
El grito “Mujer, vida, libertad” –Jin, Jiyan, Azadî– que se escuchó en las calles de Teherán, se transformó en la expresión de esa aspiración humana básica al respeto y a la libertad. Nos recuerda a todos que la lucha por la igualdad de género no es solo un asunto local, sino parte del amplio discurso sobre los derechos humanos.
Las historias de las mujeres –en Paraguay, en Israel, en Irán y en muchos otros países– son diferentes, pero comparten un hilo común de valor y perseverancia. Reconocer estas historias, escucharlas y dar espacio a que las mujeres hagan oír su voz es un componente esencial del esfuerzo por construir una sociedad más justa e inclusiva, una sociedad en la que desearía que mis hijos pudieran vivir.
En el Día Internacional de la Mujer es importante que sigamos aprendiendo de los ejemplos de mujeres que han mostrado coraje frente a grandes desafíos. Nos recuerdan que el progreso social no ocurre de la noche a la mañana, pero es posible cuando hombres y mujeres en todo lugar continúan creyendo en la dignidad y la libertad de cada persona.

