- Mario Arzamendia Rojas (*)
Hablar de Horacio Cartes es hablar de una persona cuya vida es un verdadero ejemplo de superación, solidaridad, compromiso y amor al prójimo. Y no porque lo haya hecho como político, como candidato, como hombre público o como estadista, sino desde siempre, como una persona que eligió ayudar en silencio, sin buscar aplausos ni recompensas.
Desde hace muchos años, él comprendió que el verdadero valor de la vida no está solo en el éxito personal, sino en lo que uno puede hacer por los demás. Con esfuerzo y trabajo fue creando oportunidades donde antes no las había. Generó puestos de trabajo para muchas personas que no encontraban una oportunidad, brindándoles no solo un salario, sino también dignidad, esperanza y la posibilidad de un futuro mejor para sus familias. Ayudó a muchos jóvenes a que pudieran tener acceso al primer empleo para poder estudiar, para valerse por sí mismos, y hasta para ayudar a su familia.
Pero su ayuda no se limitó al ámbito laboral. De manera discreta, casi invisible, siempre estuvo atento a las necesidades de los más vulnerables. Ayudó a cientos de enfermos que no podían costear tratamientos, a familias que no podían pagar el estudio escolar de sus hijos, a personas con discapacidad que necesitaban apoyo, a familias que atravesaban situaciones de profunda desgracia.
Muchas de estas ayudas se realizaron sin que nadie lo supiera, porque su motivación no era el reconocimiento, sino el deseo sincero de ayudar al semejante y de aliviar el sufrimiento ajeno. Sin embargo, la vida también le presentó una dura prueba. En estos días, inesperadamente el sufrió un grave problema cardíaco.
Su salud se vio seriamente comprometida, y tuvo que detenerse a cuidar también de la misma, reflexionando y enfrentándose a su propio problema de salud.
Gracias a una atención rápida y un procedimiento médico oportuno, su estado de salud mejoró notablemente. Y ese corazón, que era grande en solidaridad, felizmente pudo recuperarse físicamente y fortalecerse humanitariamente.
Esta pronta recuperación que da alegría a quienes valoramos su amistad, su personalidad y su solidaridad, seguramente marcará también un antes y un después en su vida. Pues marca una nueva perspectiva sobre el tiempo, la vida y la importancia de cada acción. A partir de este momento aumenta su preocupación y atención hacia los demás, y su compromiso para con la gente se vuelve aún más profundo.
Con este episodio de salud, ahora aumenta su solidaridad, su empatía y su amor al prójimo, entendiendo que cada día es una oportunidad para hacer el bien.
Además, este evento refuerza su compromiso con el país y con su pueblo, reafirmando que ayudar a las personas es también ayudar a construir una sociedad más justa y más humana. Don Horacio, con su ejemplo, siempre ha demostrado que el verdadero patriotismo no se expresa solo con palabras.
Con su ejemplo siempre ha demostrado que el verdadero patriotismo no se expresa solo en palabras, sino con acciones concretas que mejoran la vida de la comunidad.
Hoy, sigue siendo un faro de esperanza para muchos. Su historia nos enseña que incluso en medio de las dificultades es posible crecer, cambiar y ayudar. Nos recuerda que un corazón que ha conocido el dolor puede volverse aún más sensible a las necesidades de los demás.
En conclusión, la vida ejemplar del compañero Horacio Cartes nos invita a reflexionar sobre nuestro propio compromiso con quiénes nos rodean. Nos demuestra que todos (ricos y pobres, hombres y mujeres, campesinos y citadinos y de todos los partidos y religiones) podemos cambiar el mundo, basta con tener un corazón dispuesto a ayudar, a compartir y a servir. Porque cuando ayudamos a los demás, no solo transformamos sus vidas, sino también la nuestra.
Damos gracias a Dios, por ese corazón fuerte, nacionalista y solidario de don Horacio Cartes.
(*) Ex convencional de la Junta de Gobierno de ANR, mocionante de la modificación del estatuto partidario, en la convención del 15 de enero de 2011.

