- Por George Leal Jamil
- Profesor de la Fundação Dom Cabral, Brasil
Hemos abordado, con frecuencia, el contexto de la Innovación en nuestros artículos en este espacio, donde discutimos los trabajos realizados en el programa PAEX de la FDC, orientado al emprendimiento estructurado, apoyado por métodos y técnicas de conocimiento fundamentado, de base científica.
En este momento es importante, ante las habituales revisiones de metas establecidas para el año que concluye y la búsqueda de definiciones para un nuevo período, que las iniciativas de Innovación sean correctamente ponderadas. En ocasiones, nuestros alumnos nos consultan con desafíos que recaen sobre situaciones de pérdida de control, decepción, riesgos evidentes o fallas de gestión al intentar innovar. No pocas veces surge una responsable: la tecnología.
Desarrollaremos una observación en este contexto: por lo general, los proyectos de ruptura tendrán, según las clásicas definiciones de Joseph Schumpeter, anclaje en dos dimensiones: la tecnología y la modelación de negocios. Estas aparecen por separado o en conjunto, potenciando la disrupción, aunque trayendo simultáneamente riesgos y la necesidad de una gestión continua.
Un error asociado a varios proyectos con los que trabajamos en el PAEX de la FDC, cuando buscamos una reflexión aplicada de los conceptos discutidos, es considerar que las tecnologías –consolidando aquí herramientas, servicios y recursos– se aplican linealmente, sin necesidad de adaptaciones o adecuaciones a las realidades de cada aplicación y, aún más grave, que constituyen una especie de “medicación empresarial”, una corrección simple del modelo de negocio y de las estructuras empresariales.
No hace tanto tiempo que se observaron diversos problemas en la implantación de los primeros ERP, sistemas concentradores operativos y plataformas de integración de información en organizaciones, utilizados como “correctores” de problemas de alineación estratégico-operacional, de la búsqueda inmediata de eficiencia operativa de forma aislada o de la resolución de otros problemas existentes en la ejecución diaria de acciones y tareas de la empresa.
En aquellos momentos de implantación de estos sistemas de información orientados a la operación integrada, observamos el desarrollo de expectativas más allá de lo posible, exceso de optimismo respecto a los resultados esperados, indefinición de tareas y delegaciones, fallas en la estimación de costos, entre otros riesgos más evidentes. El mayor factor de decepción y, incluso, de gran debate en aquella época sobre un posible “fracaso” o “burbuja” de los ERP se debía al hecho de que estos sistemas no corregían fallas del mundo operacional. Vale decir, esta no es la función de un sistema de este porte, diseño y finalidad.
Si existe una falla, lo que se suele afirmar es que esta será simplemente automatizada. Considere nuestro lector, por ejemplo, la existencia de un desalineamiento –por ejemplo, de agenda o consumo de recursos como materia prima– en partes de un proceso. La simple implementación del sistema ERP no tiene como finalidad inmediata corregir dichos problemas. Es muy posible que estos sean simplemente reproducidos en una plataforma tecnológica, ahora con costos más elevados, pues es necesario mantener la plataforma.
La actual oferta de recursos de IA y Análisis de Datos, cada vez más al alcance de emprendimientos de todos los niveles, trae nuevamente este escenario. La idea de “implantar IA para corregir problemas” es atractiva, pero puede transformarse perfectamente en un nuevo problema. El emprendedor y el colaborador de organizaciones empresariales deben tomar conciencia de que un proyecto siempre deberá definirse para el desarrollo de la innovación de base tecnológica, como ya lo afirmamos anteriormente, separando las iniciativas de reflexión, especulativas, de aprendizaje, de aquellas destinadas a constituir un elemento funcional u operacional vinculado a la producción, que tenga un objetivo definido.
Una definición consistente de proyecto, para cualquier desarrollo empresarial, deberá considerar los objetivos estratégicos actuales de la empresa (incluso si se busca, con una posible disrupción, superarlos), las inversiones necesarias, el plazo mínimo, las delegaciones y perfiles profesionales involucrados y, finalmente, en un abordaje mínimo para esta definición inicial, los riesgos existentes, potenciales y sus formas de mitigación.
Adicionalmente, comprender cuál es la realidad empresarial y entender, en conjunto, cómo la innovación –y las tecnologías asociadas– podrá cambiar efectivamente lo que y cómo la empresa está produciendo, es esencial. Debemos tener en mente, como lo discutimos siempre con nuestros alumnos en el PAEX de la FDC, que pequeños cambios en procesos y métodos son innovaciones, así como la introducción de nuevas tecnologías puede constituir una base potencial para disrupciones futuras, en las que estas herramientas y recursos se aplicarán más allá de la operación, su uso inmediato.
Por lo tanto, debemos comprender el contexto existente, lo que se puede alcanzar, modificar y cuándo será posible, consumiendo qué recursos. Estas reflexiones no buscan burocratizar la iniciativa innovadora; al contrario, pretenden aportar robustez y solidez a soluciones que puedan replicarse, escalarse y transformarse incluso en palancas para cambios culturales dentro de la organización, para innovar siempre.

