- Por Víctor Pavón
Aprovechar el petróleo y el gas como fuentes de energía para el desarrollo que la naturaleza ha prodigado en el subsuelo de nuestro país fue convertido en un infierno de burocracias y trámites. Desde la Colonia a nuestros días, el estatismo se hizo de cargo de desperdiciar nuestros recursos.
Paraguay cuenta con valiosos yacimientos. Todos ellos requieren de altos niveles de inversión para su explotación. Son varios los pasos que una empresa debe realizar. Desde la prospección, exploración, concesión y la explotación, todo se encuentra bajo la jefatura del Estado que inhibe la inversión para el logro de ganancias y empleos.
La explicación de ese inútil infierno estatista se encuentra en la ausencia de derechos de propiedad privada. El Artículo 112 de la Constitución Nacional (CN) se dedica a impedir de los recursos que disponemos.
La Constitución Nacional dice: “Artículo 112- Del Dominio del Estado: Corresponde al Estado el dominio de los hidrocarburos, minerales sólidos, líquidos y gaseosos que se encuentren en estado natural en el territorio de la República, con excepción de las sustancias pétreas, terrosas y calcáreas. El Estado podrá otorgar concesiones a personas o empresas públicas o privadas, mixtas, nacionales o extranjeras, para la prospección, la exploración, la investigación, el cateo o la explotación de yacimientos, por tiempo limitado. La ley regulará el régimen económico que contemple los intereses del Estado, los de los concesionarios y los de los propietarios que pudieran resultar afectados”.
Al igual que otros artículos de nuestra ley fundamental, los constituyentes confeccionaron una redacción estatista de dañinas consecuencias. Las inversiones están para venir en el sector del gas y el petróleo, pero no vienen lo suficiente y si vienen no avanzan. El inversor debe estar dispuesto a todo. ¡Debe ser valiente!
De igual importancia, es preciso desechar la equivocada idea de considerar al Estado como el único capaz de resguardar al medioambiente, poniendo al individuo y a la empresa como enemigo de la naturaleza.
¿Son los políticos y burócratas personas virtuosas capaces de decidir en sabiduría y honestidad? La historia muestra que no es así.
Bien se haría en tomar en cuenta, al respecto, que gracias al capitalismo liberal se consiguió el desarrollo del automóvil, las máquinas y la industria, haciendo de un líquido negro llamado petróleo, un recurso nunca antes aprovechado hasta entonces que mejoró la calidad de vida de la población a nivel planetario.
Mientras el Estado siga estorbando e inhibiendo la inversión y el empleo como en efecto ocurre a través del artículo 112 de la CN, seguiremos desperdiciando el gas y el petróleo en nuestro territorio, estratégicas fuentes de energía para el desarrollo.
(*) Presidente del Centro de Estudios Sociales (CES). Miembro del Foro de Madrid. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”, “Cartas sobre el liberalismo”, “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes”, y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la libertad y la República”.