- Por Marcelo A. Pedroza
- COACH – mpedroza20@hotmail.com
Llama la atención de quien está buscando su presencia. Puede transformar cualquier conversación, al punto que cuando se la expresa se produce precisamente un llamativo silencio en el receptor que le da la bienvenida. Es una de las llaves para crecer. Quienes la utilizan descubren detalles que sobresalen y que necesitan ser atendidos. Es una habilidad que vive en el interior de sus forjadores e inexorablemente está llamada a ser compartida. Es así porque su misión se cumple cuando el otro la hace suya. Facilitando la convivencia entre los protagonistas que le dan vida. Entenderse y entender a los demás es una misión permanente en cada vida.
Uno de los sinónimos de entender es discernir. Lo que representa el acto de distinguir, dando origen a la diversidad y facilitando el vínculo entre aquellos, que por alguna razón, están relacionándose. Entenderse entre sí es un desafío cotidiano que tiene un resaltante rol social. De alguna forma las personas necesitan ser entendidas. Pero para que eso suceda es fundamental que alguien esté dispuesto a ocuparse y hacerlo. Es decir, que quiera apreciar lo que se hizo, o lo que se está haciendo o lo que se intenta realizar. Al percibir puede entender, distinguir y apreciar.
Cuando en un diálogo alguien le dice a su interlocutor: "te entiendo", está tratando de expresar su empatía de esa forma. Es muy bueno poder entender el sentido de una expresión del que está con uno. O entender qué quiso hacer, o por qué omitió tal acción. En el acto de entender se vive. El entendimiento además de voluntad requiere lucidez. Todos los sentidos enfocados hacia lo que deviene en el ahora pueden alertar, emocionar, seleccionar, entusiasmar y facilitar el actuar.

