- Por Eduardo “Pipó” Dios
- Periodista
El famoso "clima electoral" parece ser una constante en nuestro país. Es como el verano paraguayo, dura 12 meses y tiene algunos días de frío.
Acá el calor electoral está siempre. Se pone más fresco después de las elecciones generales y se vuelve a calentar un año antes de las municipales.
En ese ambiente la única ley es "todo es politizable". El fútbol, el arte (desde la cachaca hasta la sinfónica), ni qué decir la educación y especialmente los reclamos de cualquier tipo, desde los más justos hasta los más delirantes.
La culpa de esto está compartida, entre los protagonistas de las actividades y los políticos que las explotan.
Usted dirá, "y qué lo que tanto?" y no es tan así. Es jodido esto. Sindicalistas que se postulan a cargos y manipulan a los miembros de sus sindicatos, líderes religiosos que quieren estirar dogmáticamente a las ovejas de sus rebaños, o sea todo vale.
Por otro lado, cualquier reclamo, aún los más descabellados, encuentran eco en algún político en campaña, todo sea por ganar votitos y, sobre todo, ganar espacios en los medios. Esos medios que son también grandes cómplices de politizar todo. Nada escapa, ni el feminicidio, ni la inundación, ni un tornado en Itapúa. Todo tiene su "lado político" y su "culpable" dependiendo de hacia dónde quede el molino al que hay que llevar el agua.
Así también los reclamos legítimos contra la discriminación de cualquier tipo, los derechos de las minorías, etc., todo se va al cuerno y pierde fuerza cuando se mete la política y se utiliza para querer posicionar a candidatos a cargos electivos.
Es una gran irresponsabilidad porque de esa politización terminan surgiendo las medidas populistas que tanto daño terminan haciendo a todos. Pero con la máxima "el fin justifica los medios", que tanto disfrutan nuestros políticos, no calienta. Primero ganamos, después vemos.
No debería ser así la cosa. Así no vamos a ningún lado. Es decir, sí nos vamos… a la cuneta.

