• Por Eduardo “Pipó” Dios
  • Periodista

No sé si lo de "influencers" en las redes sociales es un término de los "millenials" o de la siguiente generación, los "centennials". Como miembro de alguna "generación X" toco de oído en estos temas.

Esta especie de "gurúes" digitales está guiando a legiones de adeptos que miran la pantalla del smartphone y se enrolan en lo que sus "influencers" les van marcando. La temática oscila entre moda, alimentación, deportes, adicciones, música, lo que sea, bueno o malo, edificante o destructivo.

Hay entonces "buenos influencers" y "malos influencers" que son esos de los que tu mamá te decía antes "no te juntes con fulanito "…" y vos tenías que juntarte medio a escondidas para no ligar una puteada o un zapatillazo.

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Hoy, ya vos como padre o abuelo (que cada vez los veo mas jóvenes a algunos), no tenés forma de controlar la "mala junta". Porque está oculta en la tablet que le das al bebé de 1 año ("miraaaa como Facundito se queda tranquiiiiilo con la tablet y ni chupete quiere… cuando vos tenías 11 meses como él te hacías caca en los pañales") el celular que le das a la nena de 3 y el iPhone XLS GT que le das al de 10… y ahí arranca el problema.

Aparecen los youtubers, algunos con neuronas y otros que desafían a la biología viviendo sin ninguna; y los empachan de "información", que no sabemos si es solo información inútil o es desinformación perjudicial in extremis. Así una nena de 9 años sabe cómo introducirse en el mundo de la anorexia y la bulimia, para ser como la cantante adolescente fulana que pesa "38 kilos y mirá lo divina que está que se le nota la separación entre los muslosssss", con su dieta que solo acepta vegetales de color verde que hayan muerto de causas naturales en la tranquilidad de sus macetas, siempre que no se cocinen y su PH sea menor a 9 pero mayor a 8 y no más de 32 calorías al día, porque si las amebas viven con 32 por qué razón nosotros necesitaríamos más?".

O tu hijo de 11 aprende a fabricar un vapeador casero con el motor de la cafetera y cómo preparar espectaculares líquidos para él con restos del aceite de la cortadora de pasto y racumin, o como robarte plata para comprar uno en las tiendas del ramo que, por supuesto, no le venderían jamás eso a un menor… Boeh!!!!

Esta semana nos tuvimos que bancar a una señorita, influencer ella, ex miss (hoy no podría ni ser Miss Etiopía), que se despacha con una sarta de barbaridades sobre alimentos y nutrición. Su formación "científica" incluye un par de documentales y tres blogs. Porque esta fauna se retroalimenta generando un alud de bibliografía imaginaria, citando a misteriosos "investigadores" y universidades de fábula, para avalar una demencial teoría sobre cómo la manzana produce cáncer de médula, porque en realidad es una fruta de diseño creada por la CIA para controlar la población mundial, por interés de un oligopolio de iluminatis que se reúne anualmente en Estocolmo, con rituales demoniacos.

Lo jodido es que están dañando física y mentalmente a una generación que cargará con esto para siempre, ya que –por ejemplo–, en los casos de bulimia y anorexia es muy difícil la cura en un 100% y siempre dejan huellas físicas y sicológicas. Ni hablar del daño causado por los excesos en actividades físicas. O el abuso de esteroides para desarrollar una falsa musculatura. Por eso no es nomás "dejale que diga lo que quiera, no le podés censurar". Porque ejercen una influencia súper peligrosa.

No vamos a ser tan cool y tolerantes si mañana uno de estos "influencers" cuenta lo "espectacular que me hacen dos rayas de cocaína en ayunas", lo "mejor que canto con una botella de vodka puesta", o lo buen ciclista que soy cuando "fumo dos piedras de crack". Ahí nos cortamos todos las venas con la Constitución Nacional o el Nuevo Testamento y pedimos el fusilamiento del blogger. Bueno, lo de Fio es la misma porquería… no es nomás una "loquita linda" que dice pavadas…

Y no me vengan con "pará, eso uno como padre debe hablar con sus hijos porque ni ustedes ni yo –a la edad de nuestros hijos– le hemos dado mucha pelota a las recomendaciones de los "viejos", en detrimento de las consignas de nuestros hoy reventados ídolos.

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