• Por Jorge Torres Romero

Si no hay cuerpo, no hay muerte”, declaró el fiscal Joel Cazal consultado sobre si manejaban la información de que Abrahán Fehr había fallecido hace tiempo en manos de los asesinos enemigos del pueblo.

Ya en junio del año pasado, en un viaje a Santa Rosa del Aguaray por un conflicto de tierras que habíamos investigado en el programa La Caja Negra, un oficial de inteligencia de la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) con quien dialogamos una noche, nos confesó que ya tenían la información de que Abrahán estaba muerto y que lo enterraron en algún lugar.
En agosto del 2016, a través de posteos en redes sociales, estos asesinos y cobardes ya habían anunciado sus operaciones y hacían referencia a la muerte de Abrahán y del suboficial Edelio Morínigo.
¿Cómo se actuó en consecuencia? Eso no lo sabemos, porque siempre, toda la información oficial se manejó con hermetismo bajo el argumento de evitar frustrar la investigación.
Ese mismo oficial con quien habíamos dialogado en junio pasado, gracias a la absoluta confianza que tenía con un importante ganadero de la zona que nos presentó, contó algunos detalles de la labor que realizan y las penurias que atraviesan.
El hombre que realiza una tarea de inteligencia, tenía consigo una notebook cuasi obsoleta, con la que debía geo-referenciar, a través de Google Earth, los puntos rojos estratégicos y otras cuestiones técnicas. Es decir, esos US$ 23 millones que se presupuestaron en nombre de la FTC, en realidad quedaron para otros menesteres en el Ministerio de Defensa y el Ministerio del Interior, porque en la práctica, en el día a día, los efectivos no sintieron esa inversión. Recién este año se estableció un presupuesto propio para la FTC, de unos US$ 15 millones que deberían ser administrados por ellos mismos y que también puede significar un mayor control del uso del dinero.
¿Por qué es tan difícil liquidar a estos asesinos? Estos criminales fueron muy bien entrenados. El oficial relata que se mueven en células, nunca están todos juntos en un mismo lugar. Cada líder se mueve en una célula, integrada por 10 a 15 personas, por distintos lugares.
La FTC, que hace inteligencia, tiene plenamente identificado a cada líder y de la misma forma que ellos las fuerzas especiales tienen un líder que sigue los pasos de cada uno de los cabecillas y sus células. Gracias a esta tarea, siguiendo el relato del oficial con quien hemos charlado, la banda criminal no se expandió porque lograron neutralizarlos, principalmente en el recorte de sus brazos logísticos.
La tarea se hace difícil, porque si bien existe un grado de entrenamiento y confianza en quienes integran la FTC se dieron varios casos de desertores y traidores a la Patria. Por ejemplo, un oficial, molesto por una reestructuración que le afectó, utilizó un perfil falso en redes y detalló el modus operandi de los oficiales encubiertos, identificó a los infiltrados e incluso fotografió la casa particular que estaban utilizando como cuartel. Este desertor fue arrestado y sigue encerrado.
Hace un año, un grupo de productores y ganaderos financiaron una enorme gigantografía en la entrada de la ciudad de Santa Rosa del Aguaray con los rostros de los cabecillas de la banda criminal. El cartel duró solo una noche. Fue arrancado y nadie vio ni escuchó nada. Estos delincuentes también están mimetizados en la población, ya sea por ideal, por temor o por dinero.
A esto se suma que en uno de los controles rutinarios de la FTC aprehendieron a un suboficial de la Policía Nacional, quien venía custodiando una carga de marihuaneros de la zona. Minutos después de su detención, el mismo jefe policial del lugar llamó al responsable de la operación y exigió la liberación de su “ta’ýra” detenido, caso contrario tendría problemas.
En medio de toda esta maraña de realidades conviven los que deben hacer frente a estos criminales. ¿Quién tiene el manual absoluto de lo que se debe hacer para obtener los resultados deseados?
Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.