- Por Augusto dos Santos
- Periodista
Hacia 1845 un periodista, John O'Sullivan, publicó un artículo en el que apoyaba que Texas pasase a formar parte de los Estados Unidos basado en dos razones: que Texas así lo deseaba; y porque "es nuestro destino manifiesto expandirnos por el continente que nos ha dado la Providencia". La potencia de los Estados Unidos se ha construido, en gran medida, gracias a lo que pudiera autoretratarse como el convencimiento de su rol preeminente por sobre sus debilidades, así se atribuyera a Dios ese deseo.
En Paraguay no sucede lo mismo. Salvo que empecemos a cambiar ahora, nos ocurrió muchas veces –como sociedad– que vimos claramente el fin aciago al final del camino y aun así nos lanzamos a su busca, por la depresión cívica de la que siempre fuimos víctimas y porque aparentemente nuestro "Manifest Destiny" funciona al revés, para achicarnos antes que para engrandecernos.
Estamos a 6 días de las elecciones internas y el país sabe que hay un candidato capaz de generar conquistas importantes merced a su conocimiento y talento y existe otros que solo responden a la visceralidad y el entrevero de la política criolla que quiere ganar elecciones y no tiene la menor idea sobre para qué. Pero aun así, hay un "destino manifiesto" muy paraguayo que hace que la mitad del país tenga clara la película y la otra mitad siga sumida en el fanatismo del verrenke veve y el "correligionario háicha" que por décadas eligió siempre a los peores.
A una semana de las elecciones todos saben quien es el mejor candidato y todos coinciden al respecto. Cartes, Vierci y Zuccolillo (los tres árbitros de estas elecciones) saben quien es el mejor candidato. Lo sabe cualquiera que tuviera una mínima formación y alguna capacidad de mirar el futuro con ojo avizor. Sin embargo, el riesgo es que todos antepongan sus intereses personales, de poder económico o político, antes que la convicción auténtica sobre quien puede gobernar mejor; por lo cual, muchos de ellos terminarán votando a lo peor, sencillamente porque lo mejor no es de "su propiedad". Así es como fuimos construyendo este país en todos estos años, desde la postguerra grande, y así nos fue.
Pocas veces hubo una confrontación entre candidatos de diferentes partidos con la posibilidad que los electores tuvieran una claridad tan meridiana sobre cuál de los candidatos puede gerenciar mejor un país que los demás. Eso debería ser una ventaja en cualquier país del mundo.
Pero también decimos que muchas veces hemos sido nosotros el "destino manifiesto" pero al revés. Un destino que nos lleva siempre a la tendencia suicida de elegir lo peor, y así legar, sucesivamente, a las generaciones que vienen la linea de base de la desgracia antes que una promesa de cambio.
Pese a sus dificultades para comunicarse con las mayorías nacionales, en virtud de su discurso economicista, basado en estadísticas y números, con poca apuesta al valor emotivo, el Gobierno de Horacio Cartes ha establecido una importante base real para el arranque de un plan de despegue que pudiera considerarse como estable de cara al futuro.
Lo logró desafiando culturas instaladas a martillazos por la política tradicional y quizás lo pudo hacer porque fue en mucho tiempo el Presidente que llegó con más fuerza propia y sin facturas pendientes con los eternos concesionarios de la política. Eso tuvo sus consecuencias que hoy golpean al propio oficialismo y generan la idea de discurso para la disidencia: la mayor parte de los colorados que hoy se alinean detrás de Marito lo hacen por su promesa emotiva de "coloradizar la administración pública". Eso se enfrenta a un modelo establecido por el actual Gobierno de producir una marcada restricción al ingreso "correli ro'ope" obligando al masivo concurso de cargos públicos.
El estilo de Cartes duele. Duele en primer lugar porque confronta con siglos de cultura que han impuesto siempre que el tendota está para servir a los intereses sectoriales antes que para diseñar un proyecto de país que sea competitivo de cara al futuro. Porque, en realidad, nunca pasó por nuestra cabeza la importancia de ser competitivos.
Es cierto también que el Gobierno ha cometido errores, por ejemplo, sus dificultades para concertar con los sectores de la oposición que lo arrinconan en esta etapa en una polarización que debilita a todos y el no contar sus historias de manera que ellas sensibilicen a todos
Sin embargo, aquí vale señalar que no todo el pensamiento político paraguayo cree que vale la pena construir una casa, con escuela, servicios, centros recreativos, calles prolijamente asfaltadas, desagües, centro de salud, etc., etc., para un humilde poblador bañadense. No. Muchos creen que es mejor no hacerlo, para utilizarlos con mayor comodidad en las elecciones.Vieja política, que le llaman.
Habrán advertido los lectores la enorme energía gastada en este tiempo de parte de la oposición al modelo en burlarse del spot de la empanada y Ña Felipa, ¿no? ¿Advirtieron que en ninguno de los medios –al mismo tiempo– se publicó una sola línea sobre el aprovechamiento proselitista de los bañadenses por parte de quienes llegaban hasta allá con la única promesa de un "ayudo mi" el día de las elecciones y jamas colocaron un ladrillo? Nadie recuerda hoy a los que se opusieron a estas obras. También se borraron aquellos que siempre pidieron que los bañadenses no sean apartados de sus sitios, sin tener una idea sobre cómo hacerlo. Solo la semana pasada se anunciaron que por sobre las viviendas de San Francisco, se edificarán 5.000 más en el marco de la Costanera Sur. Eso supone 7 mil casas para ribereños en solo un par de años.
El relato coloca como el malo de la película al modelo gestor e instala como "paradigma" al modelo que promete "coloradizar el Estado" y devolver las cosas al lugar donde estuvieron siempre. Hay una parte del país que prefiere que las cosas sigan sin removerse. Que los privilegiados sigan en sus comodidades, que los oficialistas se coman la torta del Estado, que los opositores se quejen amargamente, manoteando también esa torta de tanto en tanto y que Ña Felipa siga viviendo en los albañales.
A una semana de las internas, está clarísimo que existe un plan que garantiza la continuidad de este modelo y existe otro que promete con muchísimo talento volver a la política del puntero político consiguiendo la mejor tajada en las licitaciones a cuenta de eternizar al partido en el poder.
El destino manifiesto de una parte importante de la ciudadanía y sectores empresariales y políticos parece ser seguirle el juego a esta forma de hacer política, porque en el fondo, pese al discurso altruista "vendido" por décadas, nunca vino mal manejar al poder y ser parte de ese privilegiado y selecto grupo que "corta la torta".
Sin embargo, las encuestas demuestran que pese a la enorme fuerza mediática y la presión de estos sectores retardatarios, existen fuerzas cada vez más importantes de paraguayos que están conscientes que esa forma "kachiãi" de hacer política ya no debe volver y que esta es la oportunidad de apostar a nuestros jóvenes.
Finalmente, ¿para qué enviamos a 2000 jóvenes a doctorarse en el extranjero si a su regreso se enfrentaran de nuevo a las viejas reglas: el recomendado primero, el capaz después?
En 6 días, ese destino manifiesto del Paraguay, basado en la mediocridad entrará a pelearle duro a un proyecto de fumigarlo. Todos sabemos quién puede reemplazarlo. El problema es si realmente queremos que el Paraguay "tuja" sea reemplazado o en el fondo nos sentimos cómodos con que siga funcionando como siempre.

