- Por Antonio Carmona
- Periodista
En medio de la tragedia de la desaparición del submarino argentino ARA San Juan, un hecho pasó casi desapercibido en los comentarios periodísticos, pese a o tal vez por la contundencia: la solidaridad internacional para dejar de lado rencillas políticas y luchas por intereses económicos, para tratar de rescatar, más que al aparato, a los 44 tripulantes de este fatal desastre; militares argentinos y británicos, rusos y norteamericanos… en fin, de todos los países que han podido aportar su tecnología en busca de una causa humanitaria que, afortunadamente, por este instante doloroso de tragedia, ha superado a las mezquindades. No quiero, ni puedo, ser tan optimista por este instante de cordura en la que todos navegaban con el mismo objetivo, que, más que accidente, debería catalogarse en el rubro de irresponsabilidades de los gobiernos regionales de las últimas décadas, caracterizados por la tendencia al enriquecimiento de los gobernantes de los países en detrimento de sus ciudadanos y sus bienes. Está claro hoy que el mantenimiento del sumergible había sido irresponsable.
Hago la referencia a la administración de los países, pues, tras el abuso catastrófico de las dictaduras, quedó una política muy contaminada con el norte de la corrupción y del enriquecimiento de sectores políticos que llegan al poder con el objetivo del beneficio de sus claques en vez del bienestar social. El ARA San Juan fue, más tarde o más temprano tenía que pasar, víctima de esa glotonería de saquear los bienes del Estado a costa de la eficiencia, del bienestar y… de la seguridad de los ciudadanos. En este caso, de los 44 tripulantes.
Y hago referencia a otro de los bienes de este duro momento como se ha vivido en la Argentina, en toda la región… en gran parte del mundo, con el principio de la solidaridad de los pueblos. Valga aquella exclamación del poeta Fenelón: "Todas las guerras son guerras civiles porque todos los hombres son hermanos". Parafraseando, todos los salvamentos son humanos, sin credos ni nacionalidades.
Lamentablemente, no es la regla como quisiéramos y en este caso también tuvo su excepción, cuando en la zona donde se realizaba una protesta de grupos que generalmente se autocalifican de "progresistas", apareció una pintata que decía "44 menos", en clara alusión a la tragedia de los submarinistas. No sé si esto se puede encuadrar dentro de lo que en Argentina se ha venido a denominar "la grieta". Es decir, las diferencias irreconciliables entre unos y otros, sectarizando a una sociedad.
Pese a la salvajada de lesa humanidad del cartel de marras, queda la constancia de que la escasa repercusión que ha tenido ha sido principalmente condenatoria. Que la mayoría del país, como del resto del mundo, ha estado del lado de los 44, víctimas de los abusos de políticos que gobiernan con la división, por aquel viejo y cínico dicho de divide y vencerás.
El desafío de reparación de esta causa es investigar a los responsables, condenarlos y sancionarlos.
Será justicia.

