- Por ÓSCAR GERMÁN LATORRE
- ABOGADO
En un país donde ningún movimiento o partido político tiene la posibilidad de ejercer el gobierno con prescindencia de la opinión y de las posturas de los demás, resulta incomprensible la actitud de algunos dirigentes políticos que abiertamente y sin preocupación alguna, manifiestan que no es de su interés ni conveniencia política dialogar con sus adversarios ni en el último trecho de las elecciones internas del próximo 17 de diciembre.
Dialogar con el adversario es expresión de un innegable liderazgo y de la convicción de que, la particular forma de gobernar, sus proyectos, estrategias y alianzas, se solventan en actitudes e idoneidades personales de cada candidato y no simplemente como estrategia electoral absolutamente inexplicable que lo mantiene como un proyecto oculto hasta para sus propios seguidores.
En el Paraguay, saber discutir con respeto, intercambiar ideas, pensamientos y sueños, muchas veces no es una tarea fácil. Saber dialogar y hasta convivir con pensamientos contrapuestos y con ideologías que no tienen puntos en común, no es sencillo y, muchas veces, toda intención de discutir, de dialogar o de intercambiar ideas se ve frustrada por la intolerancia y porque existen opinólogos que solo se limitan a ofender cuando alguien expone posturas diferentes y aun con el mayor respeto del mundo.
En las internas coloradas hay un grupo que quiere discutir programas y otro que se niega a hacerlo. No creo que sea solo una cuestión de evitar que los electores se percaten de los talentos, fortalezas y debilidades de los candidatos. Los dos precandidatos a presidente de la República son jóvenes, tienen una mayor o menor preparación académica en el exterior y si se analiza finamente a cada uno, más allá de sus palabras y más allá del mensaje destructor que utiliza uno de ellos, nos daremos cuenta de que los mismos, por lejos, son las dos mejores opciones que existen para las próximas elecciones generales de abril del 2018.
Pero no privemos al elector de esos debates porque hay temas tan relevantes para el país, tan postergados, como son la seguridad pública, la economía, el combate a la pobreza, el mejoramiento de los niveles educativos tanto en las escuelas y colegios como en las distintas universidades habilitadas, mejores condiciones en la salud pública y una adecuada protección de los asegurados dentro del sistema de salud privada prepaga, que el pueblo tiene derecho a conocer. Y esa información debe ser conocida y debatida antes de las elecciones y no posteriormente. Hay que dar insumos a la ciudadanía para que sepa tomar sus decisiones y solo así ella se incorporará plenamente en el difícil arte de llevar a este barco llamado Paraguay hasta el puerto que todos deseamos.
No es lógico votar a quien no presenta sus ideas y proyectos y, por el contrario, se niega abiertamente a discutirlos con sus adversarios. Hay tiempo para rectificar posturas y abandonar definitivamente la pedantería y las actitudes soberbias supuestamente impuestas como estrategia electoral.
Por último, nuestra incapacidad de debatir y de disentir también nos llevará a la penosa situación electoral del 2008, donde los perdedores de las internas directamente traicionaron al Partido Colorado porque no son verdaderos demócratas, porque no saben aceptar los resultados electorales y tampoco tienen el sentido de pertenencia partidaria que les impida apoyar abiertamente las candidaturas que disputarán las elecciones con el Partido Colorado. A esos personajes, nunca jamás hay que votarlos ni confiarles la representación del partido en cargo electivo alguno. A Jesús lo vendieron por unas cuantas monedas, pero en el 2008, alguien se quedó con nada más que US$ 10.000.000 enviados generosamente por nuestros hermanos del socialismo del siglo XXI. El traidor tiene que sentir la repulsa de sus correligionarios y, más aún cuando no ha pedido perdón ni pretende cambiar sus miserables conductas anteriores.
Y aquí quiero puntualizar que en la sucesión de dislates que últimamente caracterizaron el mensaje político de Nicanor Duarte Frutos, la única y gran verdad es que en el 2008 el Partido Colorado no sucumbió por no tener una excelente candidata a la Presidencia de la República, sino por la traición de muchos de sus dirigentes que entregaron las mesas electorales. Hay que evitar que esa historia se repita y el mensaje de unidad y de respeto a los resultados debe ser anterior y no posterior al día de las elecciones internas.

