- Por Jaime Egüez
- Socio del Club de Ejecutivos
Todo el proceso de acciones que de alguna manera tenga un espacio para ser cuestionado sea por una autoridad o sea por la sociedad tiene, tarde o temprano, una consecuencia directa y dolorosa para el infractor y los que le acompañaron. Esto se puede entender desde la acción que si uno levanta un hacha la misma bajará inexorablemente en algún momento produciendo un daño de dimensiones variables y muchas veces letales.
La pregunta que muchos nos hacemos es por qué determinadas personas toman acciones que ponen en una posición a su interlocutor de enfrentar situaciones que se pueden enmarcar en extorsivas, sobornos, condicionadas y, en la mayoría de las veces, fuera de un contexto legal, moral y ético. La razón de esto tiene su origen en una sola palabra: “codicia personal”. Cuando cualquier persona comienza a transitar el camino de la justificación de una acción para poseer, obtener, exigir y condicionar parte de su obligación a condición de un acto transaccional que involucre transacción de bienes o dinero en forma oculta, estamos ante una alerta de daño a corto plazo.
En mi concepto personal, todos los casos de las constructoras brasileras involucradas en procesos de sobornos para conseguir contratos en muchos países tenían instaladas una cultura desde sus principales ejecutivos que no eran algo malo o equivocado, sino que formaba parte de las reglas de juego. El problema es que todos ellos pensaban que el juego era siempre bajo las condiciones que ellos pensaban eran las que aplicaban, y dejaron el marco legal y ético en otra cancha. Al final la propia estructura legal puso freno a la codicia personal de estas personas y acabó nivelando el equilibrio que fue alterado. Se juega en una sola cancha.
Los casos que están siendo analizados en el mundo del fútbol, por salir del mundo estrictamente de las empresas, indican que también muchas personas justamente intentaron alterar y ajustar el marco de acciones a una interpretación de la que son las reglas de juego que a ellos les convenía para justificar su accionar, que a todas luces se demuestra que es equivocado. No importa la justificación, no importa la compensación, no importa la trayectoria, ya que todos estos elementos son resultado de la secuencia de acciones a través de la vida. La codicia personal es algo muy peligroso. Y ha llevado a muchos en la historia a realizar acciones que tarde o temprano son evaluadas y juzgadas por las estructuras legales y morales de una nación o como es en este caso por jurisdicciones internacionales.
En nuestro país se habla mucho de cómo combatir la corrupción, que no es más que este mismo ejemplo de codicia personal en las estructuras del poder, porque la corrupción tiene nombre y apellido. Procesos que buscan transparentar los hechos, tanto institucionales como muchos impulsados desde el Gobierno central, permiten poner tanta exposición a cada acción que esconder alguna actividad no legal o ética se vuelve más complicada, desalentando y limitando la imagen de estas personas.
Debemos entender que ser corrupto o codicioso es una excepción para el ser humano. Es una anormalidad en el comportamiento humano, pero se mantiene así siempre y cuando "no haya una cultura de la impunidad", porque la impunidad trae injusticia y la misma genera reacciones tanto de claudicar como de aceptar un marco anormal en el comportamiento de la persona.
No debemos nunca aceptar un comportamiento anormal y de codicia personal en ninguna instancia, ni en lo personal ni en ningún ámbito, así sea privado o del gobierno. Esta lacra tarde o temprano traerá consecuencias terribles para sus instigadores y cómplices de la acción. Debemos enfrentar esto en forma diaria y permanente. Y sobre todo en un entorno de amistad. Después de todo si no puedes edificar un futuro seguro entre tus amistades ¿para qué sirven los amigos?

