- Por Emma Paoli
- Dra. en Ciencias de la Educación
Todos sabemos que hoy estamos viviendo trasformaciones a nivel local y global, lo que genera que nuestra sociedad sea diferente de las que nos antecedieron. Esto, podemos señalar, se da principalmente por la vinculación del conocimiento y pensamiento, con el desarrollo económico y social. En Paraguay debemos preguntarnos hacia dónde estamos apuntando, hacia dónde las instituciones de educación están llevando a la sociedad.
En este contexto de cambios, las áreas del saber y de la educación tienen una tarea muy importante, porque de lo que hagan o dejen de hacer se determinará el tipo de sociedad que tendremos en el futuro. Si la sociedad paraguaya lograra un cambio de pensamiento, podríamos ahorrarnos tantos esfuerzos inútiles y sin sentido. Hemos vivido una serie de acontecimientos interesantes para pensar que es posible caminar hacia un horizonte más prometedor, pero a la vez existen barreras que impiden que esas transformaciones se den con más celeridad y estén fortalecidas.
Lamentablemente, vivimos en un ambiente en el que se priorizan otras cuestiones que no precisamente se relacionan al saber y la educación, siendo otros aspectos los prioritarios para buena parte de la sociedad. Es decir, es doble el trabajo que deben hacer las instituciones de educación, en todos los niveles.
Como educadores, debemos plantearnos que la misión que desarrollamos es trascendental. El docente es el nivel máximo de la educación, como son las universidades, en donde se deben consolidar las transformaciones de pensamiento para así llegar al cambio del concepto y luego a la acción.
Las instituciones también deben ir cambiando de pensamiento. El foco debe estar centrado en promover el conocimiento y acercarse cada vez más a la sociedad, en el marco de un compromiso social. En el área de la Salud, por ejemplo, es imperioso que las universidades apunten no solo a ofrecer capacitación profesional de calidad, sino también un servicio social médico abriendo centros médicos que colaboren en el cuidado de la salud de la población, especialmente de la más carenciada. Finalmente, ese es el objetivo que se debe tener: lograr que la sociedad reciba una atención adecuada.
Hay que tener bien en claro que en nosotros mismos se encuentra lo nuevo, la capacidad de ir cambiando de pensamiento. Está en los niños, en los jóvenes y en todo aquel que desea mantenerse en el continuo hacer, pero depende mucho del acompañamiento de los que promovemos la educación. Todos ellos, llenos de potencialidades, si tienen el decidido respaldo del área de la educación, irán afrontando múltiples, rápidos y diversos cambios, para lograr una sociedad más fortalecida.

