- Por Bernt Entschev
- Fundador de The Bernt
Me gusta la definición que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) tiene sobre voluntariado, que resumidamente dice así: "Es el conjunto de acciones de interés social y comunitario, realizadas de forma desinteresada por personas, en el ámbito de proyectos, programas y otras formas de intervención al servicio de los individuos, de las familias y de la comunidad, desarrollados sin ánimo de lucro por personas, entidades públicas o privadas".
"Realizada de forma desinteresada", este término traduce mucho de la característica de personas que practican el voluntariado. Trayendo esto al universo corporativo, las ganancias son muchas. Cuando se tiene en una organización personas con este espíritu y la empresa con estos valores el voluntariado fluye y las personas tienden a ser más felices en el ambiente. La cooperación entre trabajadores madura y el sentimiento de camaradería entre los profesionales tiende a ser mayor. Resultado: una empresa más productiva y con buenos resultados.
Existen diversas formas de practicar el voluntariado dentro de las organizaciones, que van desde acciones puntuales cuando hay una gran necesidad o movilización, o incluso empresas que tienen un programa estructurado, que guían a sus colaboradores a participar y cómo practicar. Estas, por ejemplo, por lo general, extraen de su misión –bastante consolidada– el rumbo que el voluntariado debe tomar, pues logran ver resultados más adelante, extrapolando la satisfacción personal que la práctica del voluntariado proporciona.
Una característica fuerte de esas empresas es el profundo entendimiento que la comunidad a su alrededor no es solamente la "comunidad cercana a la empresa", es la "comunidad de la cual hace parte la empresa". Esto cambia todo, pues la empresa se siente parte de aquel contexto y logra ver con mayor amplitud las demandas de esa población o región.
Estas empresas son sutiles en el involucramiento de colaboradores en sus causas. Cuando la persona nota ya se encuentra involucrada de manera espontánea y satisfactoria. El colaborador logra entender de manera clara que su empresa, aliada a su disponibilidad como individuo, puede hacer la diferencia en la vida de las personas.
Practicar el voluntariado en las organizaciones es algo muy rico, porque las empresas tienen por sí solo un gran activo que, en muchos casos es inmensurable cuando se trata de valores monetarios. Me refiero aquí a la relación. El poder de participación de las entidades privadas es capaz de movilizar personas para determinadas causas en cuestión de tiempo. Pero no todas se dan cuenta de esto.
Otra buena característica de empresas que practican el voluntariado está en la cuestión que no se limita a un problema que el gobierno ha dejado de hacer su trabajo. Es decir, por ejemplo, no se limita a trabajar por causas involucrando ciudadanos menos abonados.
El voluntariado en estas empresas, sí acontece en estos términos, pero también florece en acciones ambientales, dependiendo del perfil de la empresa en temas relacionados al tránsito, la salud, sobre la necesidad de tener una sociedad mejor formada en la educación y así poder ir adelante. ¿Cómo? Utilizando la formación y la especialización de cada uno de sus colaboradores. Al fin de cuentas, las personas hablan muy bien y se enorgullecen de lo que saben hacer. Este es un buen ingrediente para el éxito del voluntario, que proporciona satisfacción personal.
En el ambiente interno, las personas tienden a estar más dispuestas a ayudar al prójimo, a escuchar la necesidad del colega, a tener compasión en situaciones difíciles que todos vivimos y a contribuir para que el clima organizacional tenga un mayor peso en los resultados de la organización. Una buena receta de voluntariado en el medio corporativo.

