En este tipo de competencias ganar y que no te conviertan es lo primero que se valora y más aún si en la llave tenés que definir afuera. Eso hizo Capiatá. Una victoria siempre es victoria. Es ventaja. Pero quedó la sensación de que al gran debut del Escobero en la Copa Libertadores le faltó un pasito más (o un par de goles más) para ser perfecto.

Cuando se juntan jugadores de tan buen pie como Julio Irrazábal, Hugo Lusardi y Eduardo Ledesma es casi imposible no generar supremacía sobre el rival con el dominio de la pelota. Así pasó durante todo el primer tiempo, donde, salvo un par de salidas rápidas del Deportivo Táchira por fuera, Capiatá no sufrió y creó tantas situaciones de gol que era de no creer como tardó tanto en abrir el marcador. Gol que por sobre todo trajo tranquilidad, porque una igualdad a cero al final del primer tiempo, además de ser injusta, hubiese sido un factor que altere la tranquilidad de los jugadores y la gente (que respondió de manera increíble) en el segundo tiempo.

Y por ahí pasó el mayor error de Capiatá en el partido. Fue solo eso lo que le faltó para que el debut sea perfecto. El Escobero jugó un gran encuentro generando las situaciones de gol, pero no tuvo la misma lucidez en la recta final para definir las jugadas.

Todo esto hizo que en la última parte del partido tenga que terminar sufriendo. Táchira, consciente del partido que jugó, aprovechó los últimos minutos para volcar la cancha sobre el arco de Bernardo Medina y tuvo un par de situaciones clarísimas que desperdició. El debut de Capiatá en la Copa Libertadores quedará en la historia por la victoria, pudo haber tenido un sabor mucho más dulce.

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