La carne bovina paraguaya logró entrar a 13 nuevos mercados durante el 2016, según informes provenientes del sector. Se trata de una buena noticia, naturalmente, pero que no sorprende, porque ya hace varios años que la ganadería y la industria cárnica obtienen resultados muy auspiciosos. Las conquistas de este sector crucial de nuestra economía no son desde luego accidentales. La clave para subir las cotas de calidad y alcanzar la apertura de nuevos mercados se encuentra en la estrecha cooperación entre el Estado y el sector privado.

La articulación eficaz de los sectores público y privado en torno a metas concretas y a una visión estratégica fue fundamental. La labor combinada y complementaria de ganaderos y funcionarios –con un plan concreto y realizable y despojados de polémicas innecesarias y de desgastantes desacuerdos– fue el camino para lograr resultados beneficiosos para el país. Esta sinergia no se limita a la sanitación del ganado, sino que se amplia a la gestión internacional para consolidar la presencia en antiguos y nuevos mercados y a la incorporación de herramientas científicas y tecnológicas de primer orden enfocadas al mejoramiento de la producción.

Es fundamental para nuestro país romper de una vez con la lógica que supone enfrentados por su misma naturaleza a los intereses del sector privado con los del Estado. Se hace necesario deponer los recelos y las desconfianzas con el objetivo de allanar el camino hacia una relación fructífera entre la iniciativa privada y los funcionarios, técnicos y autoridades públicas.

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Además de la coordinación entre ganaderos y autoridades y técnicos del sector público, merece destacarse también la firme resolución de encarar una modernización científica en esta actividad económica. La labor en el campo, cuidando a los animales al pie de las tranqueras, quizás no pueda ser sustituido nunca. De lo que se trata es de complementarlo con los instrumentos más modernos con el fin de ganar cada vez mayor presencia en los mercados del mundo. Se incluyen aquí desde planes de mercadeo y lobby hasta desarrollo de la genética, pasando por la inversión en laboratorios e instalaciones científicas y en el control del cumplimiento estricto de las obligaciones sanitarias.

De hecho, la experiencia de este trabajo conjunto entre el sector público y los empresarios es un modelo que podía ser replicado en otros campos de la actividad económica. Esta es la fórmula que es preciso impulsar con vigor en muchos otros rubros: la alianza público-privada, sustentada en un sólido diagnóstico de las necesidades y potencialidades de los distintos sectores de la economía y en proyectos viables, con absoluta claridad en la delimitación de responsabilidades. La complementación de ambos actores es la palanca para sacar definitivamente a nuestro país del atraso y la pobreza. El Gobierno debe jugar un papel central de articulador de ambos ámbitos, brindando respaldo a emprendedores e inversionistas y garantizando que el crecimiento económico llegue al conjunto de la sociedad.

Es fundamental para nuestro país romper de una vez con la lógica que supone enfrentados por su misma naturaleza a los intereses del sector privado con los del Estado. Se hace necesario deponer los recelos y las desconfianzas con el objetivo de allanar el camino hacia una relación fructífera entre la iniciativa privada y los funcionarios, técnicos y autoridades públicas. Los buenos resultados alcanzados en el caso de la carne podrían reproducirse en otros ámbitos de la actividad económica, a condición de llegar a la coordinación mencionada antes.

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