• Por Clari Arias

Hace ocho días se llevó a cabo la sofisticada convención del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) y que, según los estatutos, es esta reunión de dirigentes la máxima autoridad partidaria, superior inclusive al directorio y su comité político.

El encuentro tuvo una renovación total en su organización y logística, al punto tal de que es la primera vez que una convención partidaria sesiona en un centro de eventos de lujo, con la mayor tecnología posible. Pero, como dice el refrán, aunque la mona se vista de seda…

Pronto comenzaron los problemas en carpas del nuevo tendota del PLRA. El primero en sentirse humillado y discriminado fue el dirigente sampedrano José Ledesma, conocido en la política por su alias de "Pacova". Un video de amplia difusión entre los liberales, lo mostraba minutos antes del inicio de la cumbre discutiendo con Efraín Alegre, pidiéndole explicaciones del por qué lo bajaron de la mesa de autoridades.

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Él, flamante vicepresidente del partido, quedó relegado a una ubicación distante de la mesa central del evento, detalle que en la política criolla indica que ya no se está en el círculo más íntimo del líder. Según comentan en la sede partidaria, los asesores de imágenes de Alegre (que son los mismos del 2013, vaya currículo!) le dijeron que evite de ahora en más a "Pakova" Ledesma, ya que la figura del diputado no cae bien en sectores conservadores dentro y fuera del PLRA.

Para ese momento la convención ya estaba empaquetada para los tres mandatos que Alegre dio a sus seguidores: No rotundo a la reelección en cualquiera de sus formas (vía enmienda o vía asamblea); suspensión de seis diputados llanistas que no estuvieron presentes en la sesión de la cámara de Diputados que trató la intervención al municipio de Ciudad del Este; y por último el blindaje a los ministros liberales de la Corte, Miguel Óscar Bajac y Sindulfo Blanco.

Los últimos dos puntos mencionados, son decisiones polémicas, ya que generaron (y lo seguirán haciendo) terremotos internos de altísima intensidad, porque están envueltas en sospechas, en apariencia bien fundadas. Vaya casualidad que los seis diputados suspendidos sean de zonas electorales en donde el "efrainismo" sufre derrotas continuas desde las internas del 2005 hasta la fecha.

Vaya casualidad que el blindaje a los ministros de la Corte beneficia a Sindulfo Blanco, cuyo hijo -de nombre Rodrigo- es concejal de Luque por el equipo de Alegre, y es también virtual candidato a la diputación. Oh, grata casualidad que otro blindado haya sido el ministro Bajac, dicen que por pedido de Salyn Buzarquis, flamante aliado político de Alegre (veremos hasta cuándo).

Las movidas propulsadas por Efraín Alegre muestran un solo camino, y es el de la hegemonía, para así lograr su nominación presidencial para el 2018.

Blas Llano, su acérrimo rival desde siempre, buscará recomponer fuerzas y potenciar una candidatura presidencial que agrupe una mayoría "anti-Alegre", cosa que hasta ahora no parece muy fácil para su movimiento, ya que el único que ha mostrado interés en buscar ser presidente de la República es Blas Lanzoni, actual gobernador de Central. Lanzoni, un incansable trabajador, ha logrado ser electo en todos los cargos posibles: intendente, diputado y gobernador; pero sus detractores dicen que su debilidad es la poca imagen de estadista con que se lo ve fuera del partido. Estadista o no, con carencias intelectuales o no, Lanzoni calla las críticas con jornadas laborales que alcanzan las 18 horas por día.

Una segunda opción se maneja en el llanismo duro, y es la candidatura de Carlos Mateo Balmelli, quien parece haberse despertado de sus vacaciones políticas (similares a las de Efraín, que se borró largos 30 meses luego de su derrota en el 2013), y anda apareciendo en charlas y simposios por todo el país, aparentemente en la búsqueda de un sondeo de popularidad con miras a una posible contienda electoral.

Mientras más nos acercamos al 2018, más complicado es el panorama interno del principal partido de oposición. Sin excesos, internamente el PLRA es campo de batalla de una guerra que puede tener el peor resultado: perder las próximas elecciones generales.

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