Josh Bersin
No es ningún secreto que nuestras herramientas de comunicación digital nos están abrumando. Un estudio de Deloitte encontró que los trabajadores en los Estados Unidos (en su conjunto) miran sus teléfonos casi 8 mil millones de veces al día y las investigaciones muestran que la productividad de Estados Unidos disminuyó desde la introducción del teléfono inteligente.
Pero el mundo de los negocios necesita una forma de unir a la gente para compartir información y explicar las ideas y también para conseguir que se alcancen los mismos objetivos. Entonces, ¿cuál es el punto de equilibrio que estamos buscando?
Voy a sugerir una solución clásica, poco apreciada: presentaciones. A menudo tienen una pobre reputación porque generalmente están mal preparadas. Una buena presentación demanda muchas horas de trabajo: Se requiere investigar y claridad de pensamiento y un gran cuidado a la hora de elegir las palabras, las imágenes y el flujo.
Sin embargo, cuando se hace el trabajo que una buena presentación requiere, entonces, ellas pueden ayudarnos a lograr el objetivo más eficazmente que cualquier otra herramienta de comunicación a nuestra disposición. Nos permiten desarrollar argumentos convincentes, persuasivos, sin abrumar a la gente con mensajes inconexos o un chorro de información como si fuera una manguera de bomberos apagando un incendio.
Cuando yo estaba en el equipo de debate de la escuela secundaria, en la década de 1970, estudiamos el concepto psicológico de la disonancia cognitiva y, desde entonces, acostumbro a usarlo para crear miles de discursos y charlas inspiradoras. La idea detrás de esto es muy simple: si quieres que un grupo de personas adopte tu punto de vista, debes comenzar refiriéndote a algún problema difícil o doloroso que ellos están enfrentando.
Puede ser un problema que ellos aún no se dieron cuenta que lo tenían o, tal vez, algo que reconocen como un desafío permanente. De cualquier manera, los estarías obligando a llevar a cabo dos cosas contradictorias en sus mentes a la vez. Esa disonancia provoca malestar en el público, lo que hace que quieran solucionarlo. A partir de ahí, avanzas con la explicación del problema y luego expones la solución propuesta, la que sustituirá a la disonancia con la armonía.
Esa fórmula básica puede funcionar con eficacia si estás articulando una nueva estrategia en una reunión de personal, presentando un producto a un cliente o abordando un tema de discusión con tu equipo. En todas estas situaciones, estarías tratando de explicar tu idea, de vendérsela a tu audiencia y de pedir que ellos cambien sus puntos de vista o tomen algún tipo de acción.
Una vez que entiendas este enfoque puedes aplicarlo en conversaciones TED, conferencias magistrales, videos instructivos, blogs, artículos y casi cualquier otra forma de comunicación persuasiva que haya. A diferencia de la comunicación "instantánea" en Twitter, o incluso del correo electrónico, las presentaciones te dan el tiempo y el espacio para estructurar tu apelación –con la ayuda de tu voz, tu rostro y tus gestos– y convencer a la gente de que deben reaccionar.
Por encima de todo, una presentación bien elaborada hace que la gente centre su atención y sus esfuerzos. Y el enfoque es algo que todos necesitamos desesperadamente cuando tantas otras herramientas nos están distrayendo en vez de hacernos más productivos.
(En el 2004, Josh Bersin fundó Bersin & Associates, ahora Bersin by Deloitte, para proporcionar servicios de investigación y asesoramiento centrados en el aprendizaje corporativo, el liderazgo, la gestión del talento y la tecnología para recursos humanos).

