Anita Raghavan
CAMBRIDGE, Inglaterra.
El registro de la lucha contra la delincuencia económica es tan lamentable que los gobiernos necesitan un nuevo enfoque. Esa fue la opinión de muchos en una reunión de cerca de 1.600 delegados de círculos académicos y profesionales del derecho y cumplimiento regulatorio.
"Si esto es una guerra, no estamos ganando", dijo Alison Levitt, socio de Mishcon de Reya, una firma de abogados de Londres, cuando habló en un panel en el Jesus College de la Universidad de Cambridge. Ella no estaba refiriéndose a las drogas o al terrorismo, sino más bien al progreso limitado que las distintas agencias de aplicación de la ley consiguieron en la lucha contra delitos económicos tales como el lavado de dinero, fraude y abuso de información privilegiada.
Levitt, que dirige el grupo de lucha contra el crimen en los negocios de Mishcon de Reya, fue una de las delegadas de 90 países que esta semana asistieron al 34ª simposio internacional sobre la delincuencia económica.
Levitt recomienda que el mismo estigma asociado a delitos como la violación debería estar vinculado a la delincuencia económica.
"No deberíamos llamarlos delitos de guante blanco o delitos económicos", dijo a la audiencia reunida en una carpa instalada en el cuidado césped del Jesus College. "Deberíamos llamarlo robo".
Sobre la base de un estudio realizado por PricewaterhouseCoopers, Levitt dijo que un preocupante 18 por ciento de los delitos financieros en Gran Bretaña fueron cometidos por miembros de la alta gerencia. Los crímenes cometidos por los altos ejecutivos tienden a ser más sofisticados y con frecuencia son más difíciles de detectar.
Levitt dijo que la actitud de la sociedad hacia los delitos financieros tiene que evolucionar. Haciendo una analogía con el cambio del punto de vista sobre los conductores que manejan ebrios en los últimos años, Levitt dijo que hace dos o tres décadas, un individuo condenado por conducir ebrio podría fácilmente llegar a ser juez en Inglaterra. Solo que, a lo largo de este tiempo, las actitudes cambiaron drásticamente. Levitt postuló que lo mismo podría ocurrir con el tiempo con los delitos económicos.
Su evaluación pesimista se reflejó formal e informalmente durante el simposio que esta semana se realizó en Cambridge.
"No hay tantas muertes de organizaciones que han hecho cosas terribles", dijo John Mair, del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo. "La ley permite que demasiadas personas culpables puedan salirse con la suya".
Irónicamente, un participante sugirió que la publicación de los documentos de Panamá, donde se reveló que individuos ricos utilizan estructuras corporativas elaboradas y paraísos fiscales para ocultar la propiedad de sus activos, conduciría a una menor transparencia.
Esos documentos afectaron al ex primer ministro de Islandia, quien renunció tras revelaciones que él y su esposa habían creado una empresa en las Islas Vírgenes Británicas. Los documentos desalentarán a los bufetes de abogados en el futuro para nombrar beneficiarios de los activos –aquellos que gozan de los beneficios de la propiedad aunque el título esté a nombre de otro– en documentos por temor a las fugas de información.
Incluso los profesionales de la Justicia en los Estados Unidos se mostraron pesimistas acerca de que la aplicación de la ley haya hecho progresos en la lucha contra la malversación económica, a pesar de la tradición más agresiva que tienen en la persecución de los delitos financieros.
"Hemos perdido la mayor parte de las grandes batallas y todas las guerras", dijo John W. Moscow, ex jefe de la oficina de fraudes y jefe adjunto de la división de investigaciones en la oficina del fiscal de distrito del condado de Nueva York. "El número de personas que se benefician de los delitos económicos a gran escala es inmenso, el número de víctimas es inmenso, pero el número de procesos está limitado por los pequeños y recortados presupuestos".
Moscow, quien ahora está en la práctica privada en el bufete BakerHostetler, de Cleveland, dijo que con frecuencia en las grandes organizaciones, "la responsabilidad se detiene a tres niveles inferiores" de donde se tomó la decisión de infringir la ley. Agregó que, por lo tanto, lo importante era "imponer multas y sanciones graves a las empresas".
Levitt, de Mishcon de Reya, ofreció una nueva solución al problema al que se enfrentan los gobiernos atados en la asignación de recursos para la lucha contra la delincuencia económica. Ella recomendó que el gobierno involucre al sector privado. Por ejemplo, en Gran Bretaña, hay cerca de 2 mil millones de libras, o US$ 2,66 mil millones, en órdenes de confiscación no ejecutadas. El gobierno, añadió, podría vender estas órdenes –con un descuento– a bufetes de abogados privados e investigadores y ellos, no los departamentos gubernamentales con escasos recursos, podrían trabajar en recuperar el dinero y devolver una parte del mismo al Estado.
Las recomendaciones de Levitt son más propensas a ser escuchadas en las más altas esferas del gobierno.
Aunque dedicada a la práctica privada actualmente, Levitt ocupó un puesto importante en el sistema de justicia criminal de Gran Bretaña. Antes de unirse a Mishcon de Reya, ella era la principal asesora jurídica del Director del Ministerio Público, asesorando sobre algunos de los casos más significativos de la época y apareciendo como abogada en el Tribunal de Apelación.
A partir de datos desde la CCP Research Foundation, Paul E. Hauser, un socio emplazado en Londres en el bufete de abogados estadounidense Bryan Cave, dijo que aproximadamente US$ 250 mil millones en sanciones habían sido pagadas por las instituciones de crédito en acuerdos para resolver crímenes financieros desde el año 2010.
Hablando en un panel sobre quién debe llevar la "lata", o hacerse responsable, por las irregularidades en los negocios, Hauser dijo que la cuestión se centró en el tema equivocado. "El sistema que tenemos es que el departamento de cumplimiento lleva la lata", aseveró. Un sistema mejor, argumentó, sería uno donde haya incentivos para el buen comportamiento de las entidades financieras y castigos para las fechorías.
Anita Raghavan es autora de "The Billionaire's Apprentice: The Rise of the Indian-American Elite".

