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Imaginemos dos tipos de fondos de inversión, los cuales tienen el mismo objetivo: proporcionar pensiones para sus empleados. Se podría pensar que ambos invertirían de manera similar. Pero, cuando se trata de fondos de pensiones estadounidenses eso sería un error. Resulta que los fondos públicos tienen un enfoque bastante diferente al riesgo, más agresivo que los privados y, de hecho, más temerarios que sus similares en otros países.
Como lo sugiere un artículo reciente de Aleksandar Andonov, Rob Bauer y Martijn Cremers, ese enfoque diferente es impulsado por el incentivo regulatorio: las reglas que determinan cómo los fondos de pensiones calculan cuánto dinero deben dejar de lado para cumplir con el pago de prestaciones de jubilación. Por lo general, la mayor parte de las obligaciones del fondo de pensiones tendrán lugar en el futuro, cuando los trabajadores se jubilen. Ese costo futuro es el que tiene que ser descontado a una tasa determinada para obtener cuánto hay que dejar como previsión hoy.
Los fondos de pensiones del sector privado en los Estados Unidos y en otras partes, así como los fondos públicos canadienses, consideran la promesa de las pensiones como una especie de deuda. Por lo tanto, utilizan los rendimientos de bonos corporativos para descontar las obligaciones futuras.
En la medida que los rendimientos de los bonos cayeron, el costo de las pensiones a pagar aumentó considerablemente. Al final del 2007, los fondos de pensiones corporativos estadounidenses tuvieron un pequeño excedente. A finales del año pasado tenían un déficit de US$ 404 mil millones.
A los fondos públicos de pensiones estadounidenses se les permite, bajo las reglas de la Junta de Normas de Contabilidad del Gobierno, descontar los pasivos por el rendimiento esperado de sus activos. Cuanto mayor es el rendimiento esperado, mayor es la tasa de descuento. Eso significa que, a su vez, esos pasivos son más bajos y la cantidad de dinero que el empleador tiene que dejar como previsión hoy en día es menor.
Por lo tanto, la inversión en activos de mayor riesgo es una opción atractiva para un empleador de empresas públicas, la cual solo pueden aprovechar otras dos fuentes de financiación.
Puede pedir a sus trabajadores para contribuir más, pero como ellos están generalmente fuertemente sindicalizados eso puede llevar a fricciones –después de todo, una mayor cantidad de contribuciones de pensiones llevan a reducir la paga– o el empleador puede tomar el dinero de las arcas públicas, ya sea mediante la reducción de otros servicios o aumentando los impuestos. Ninguna de las opciones es popular políticamente.
Como era de esperar, por lo tanto, los académicos encontraron que los fondos públicos de pensiones estadounidenses han optado por un enfoque más arriesgado. La teoría sugiere que cuando los fondos de pensiones maduran –a medida que la mayor parte de sus miembros se jubilan– ellos deberían colocar sus portafolios de una manera más conservadora, ya que los beneficios prometidos se deben cumplir antes y los fondos no pueden arriesgarse a una repentina disminución en el valor de sus activos.
Ese es el caso de los fondos de pensiones del sector privado, pero los fondos públicos toman más riesgos a medida que maduran, poniendo más dinero en acciones, bonos basura y los activos alternativos como el capital privado.
Los planes públicos de pensiones también han aumentado su asignación a los tipos de activos de riesgo a medida que los rendimientos de los bonos han disminuido. De nuevo, esto no tiene sentido en la teoría.
El rendimiento esperado de ambos, los activos libres de riesgo y los activos de riesgo, debería disminuir de manera pareja. Sin embargo, la caída en cinco puntos de los rendimientos de bonos del Tesoro a 10 años se ha asociado con un aumento de 15 puntos en la asignación de los fondos públicos a los activos de riesgo.
Los académicos también miran a los fiduciarios, las personas que toman las decisiones de inversión. Ellos encuentran una relación entre el grado de riesgo de los activos del fondo y la proporción de administradores políticos, como tesoreros estatales y síndicos de los trabajadores elegidos por los miembros del plan.
Ninguno de los grupos querría ver elevarse las contribuciones a corto plazo, por lo que tiene sentido que ambos grupos trabajen para obtener una rentabilidad superior, dejando cualquier déficit del plan para ser resuelto más adelante.
Algunas personas podrían argumentar que esto es todo para el bien. Los planes de pensiones tienen pasivos a largo plazo y, por lo tanto, deberían toman más riesgos. Si los fondos públicos toman más riesgos y obtienen mayores rendimientos, están ahorrando dinero, tanto para sus empleados como para los contribuyentes.
Por desgracia, los académicos encuentran que, incluso si usted admite sus decisiones de asignación de activos, los fondos públicos de pensiones no llegan a sus puntos de referencia en más de la mitad de un punto porcentual al año. Este bajo rendimiento es mayor en las categorías de activos alternativos, como el capital privado.
Incluso si su asignación de activos podría haber vencido a una cartera de renta fija, la estrategia global no está funcionando. Calpers, el fondo de pensiones del estado de California, tiene un rendimiento inferior al 7,5% de su rentabilidad determinada durante los últimos tres, cinco, 10 y 20 años, por ejemplo.
El artículo demuestra de manera convincente que las normas contables estadounidenses han creado incentivos perversos para los fondos públicos de pensiones. Eso puede significar solo una cosa: las reglas tienen que cambiar.

