Por Clari Arias

@clariarias

Decenas de miles de personas han tenido acceso a internet por primera vez en nuestro país a través de los teléfonos celulares. Es fascinante ver que hasta nuestros adultos mayores –reacios a los movimientos tecnológicos– se comunican con sus hijos y nietos a través de la red de mensajería Whatsapp. Sin dudas estamos pasando el momento más efervescente en las comunicaciones mundiales, porque ya no hay barreras ni fronteras que no hayan sido derribadas por el internet en el mundo entero.

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Sin embargo, el Paraguay todavía está en lo que podríamos llamar la edad media del internet en lo que respecta a las prestaciones, ya que según publicaciones de este mismo periódico (17-02-2016), citando a la Agencia Oficial de Medios de China, tenemos la conexión más lenta de toda Latinoamérica (solo superados por Venezuela).

Más severo que los inconvenientes de velocidad y acceso, la inseguridad es el mayor problema de la gente con respecto a internet. Los que quieren estar comunicados todo el tiempo deben andar por las calles con un smartphone cuyos valores mínimos en el mercado arrancan en unos quinientos mil guaraníes, para trepar a los cinco millones inclusive.

La ola de asaltos en Asunción y las ciudades que la rodean se debe a que los delincuentes encontraron un lucrativo "negocio" en esto de despojar a la gente de sus teléfonos celulares. En este siglo veintiuno los peatones no andan por las calles con costosos relojes o relucientes joyas, como pudo haber ocurrido en otros tiempos; el objeto más preciado que uno lleva encima hoy día es un teléfono inteligente.

Cientos de "motochorros" salen al acecho de indefensos ciudadanos que se movilizan, principalmente en transporte público, en el trayecto comprendido entre Asunción y su conurbano.

Los asaltos ocurren a cualquier hora del día y con total impunidad, ya que muchos de estos ilícitos han sido captados por cámaras de circuito cerrado y las imágenes transmitidas con posterioridad en los noticieros centrales de los canales de TV, para coronar la información con el balbuceo de algún policía que dirá lo mismo de siempre, como pretexto de la inoperancia de la fuerza, "estamos detrás de las pistas de esta gente".

La ola de asaltos en Asunción y las ciudades que la rodean se debe a que los delincuentes encontraron un lucrativo "negocio" en esto de despojar a la gente de sus teléfonos celulares.

Mientras todo esto pasa en colores por la tele, tu teléfono robado ya está camino a la galería San Miguel o al shopping Multiplaza, lugares en donde –dicen los que saben– hay tiendas con técnicos que se dedican a modificar el IMEI (algo así como la cédula de identidad de un teléfono) para luego revender el aparato como si nada hubiera pasado.

El Gobierno y las empresas de telefonía deberían ponerse más duros con los asaltos callejeros, cuyo principal objetivo es despojar de sus celulares a la gente.

Las víctimas se endeudan en millones de guaraníes para poder comprarse un teléfono con el que puedan estar conectados hoy día, y en cuestión de segundos ese sacrificio se desvanece en un asalto. Las empresas telefónicas reactivan teléfonos robados con una lenidad que espanta, porque a ellos les importa seguir vendiendo sus chips y sus planes, sin sonrojarse porque el teléfono que están activando está lleno de sangre o de dolor de una víctima de asalto.

Ahora, el Gobierno ha promulgado hace apenas 48 horas una ley, propiciada por el diputado Édgar Acosta, que obliga a las empresas a bloquear los teléfonos denunciados como robados. Pero debe de hacer mucho más, porque tiene las oficinas para desalentar el bandidaje.

Ahora, el Gobierno ha promulgado hace apenas 48 horas una ley, propiciada por el diputado Édgar Acosta, que obliga a las empresas a bloquear los teléfonos denunciados como robados. Pero debe de hacer mucho más, porque tiene las oficinas para desalentar el bandidaje.

Por ejemplo, ¿qué espera la SET para arrasar con sus inspectores los locales comerciales en donde todo el Paraguay sabe que se venden celulares robados? ¿Qué hace la Policía al respecto? ¿Qué hace la Fiscalía? Siento responderme a mí mismo: hacen muy poco.

Estar conectados y comunicados en este mundo globalizado es un derecho tan básico como el acceso a la luz o el agua. Lamentablemente, pretender hacerlo a través de un teléfono puede ser mortal en el Paraguay de los motochorros.

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