Por: Emmanuel Báez Rodríguez

@mrtenno

Hace un par de semanas, mi hija mayor trajo una tarea de la escuela que consistía en leer un cuento de uno de sus libros, y responder algunas preguntas. El cuento hacía referencia a un niño con discapacidad y una niña que llegaba a su vida para ayudarlo. Con su mamá nos dimos cuenta entonces de que no le habíamos hablado lo suficiente acerca del tema de las personas que tienen este tipo de diferencias, así que nos dividimos en las tareas.

Yo me senté con mi hija a leer el texto y hablar un poco sobre las preguntas que había, y mi novia le mostró un hermoso cortometraje animado de temática similar, a lo cual le siguieron unas preguntas que le hicimos para ver si había comprendido bien la situación. Aunque su respuesta no fue definitiva, nos aseguramos de que quedara claro que lo importante es la bondad, que es lo único que nos interesa que entienda en cualquier situación. No volvimos a tocar el tema desde entonces, pero estos días parecen estar repletos de titulares relacionados, así que imagino que hablaremos de ello nuevamente en algún momento.

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A pesar de los días malos que están pasando el mundo y el país, parece que estamos en tiempos de despertares sociales, con una lucha creciente entre la indiferencia y la empatía. Solo hace unas semanas se había vuelto viral el video de un joven en silla de ruedas repudiando el actuar de una mujer que había dejado su automóvil frente a una rampa y que le respondía con total bajeza. Me puse a pensar luego que quizás podría haberle mostrado el video a mi hija, que con seis años tiene un radar moral mejor ajustado que la mayoría de los adultos que conozco.

Unos días antes habíamos ido al supermercado juntos, y a la hora de poner los productos en las bolsas, me atreví y guardé unas cuantas bolsas de plástico ya que en casa solemos necesitarlas más para los contenedores de basura. Momentos después, en el auto, veo a mi hija bastante pensativa, así que le pregunto qué ocurre. Me pregunta para qué guardé bolsas, y me pide que no lo vuelva a hacer sin primero pedirle permiso a la cajera. No lo volví a hacer.

Situaciones como estas me hacen pensar que a veces subestimamos a los niños, y lo importante que es inculcarles buenos valores desde bien pequeños. Todavía nos queda mucho que hablar con ella, pero debemos tener en cuenta que siempre es mejor adelantarnos y entablar nosotros las conversaciones con nuestros hijos, antes de que la primera experiencia de ellos en el mundo exterior sea una negativa que les cause un impacto suficiente como para que formen una opinión negativa. En estos tiempos, más que nunca, es necesario creer en ellos para que ellos crean en el mundo.

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