Por: Emmanuel Báez Rodríguez

@mrtenno

Fueron varios meses de espera, pero el cumpleaños de mi hija mayor fue un gran éxito, en el sentido más humilde de la palabra. En medio del festejo, con globo loco incluido, hablando con el señor que trajo el juego, este me comentó que se trataba del cumpleaños más tranquilo al que había asistido en mucho tiempo. Me reí de su comentario, ya que atender a los chicos en el evento fue bastante agotador.

Sin embargo, para el corazón de seis años de mi hija, la fiesta fue más que memorable, y es todo lo que importó. Ella no sabía que iba a tener globo loco ni tantas visitas, así que cuando volvió de su escuela y vio más de lo que había imaginado, creo que no supo cómo reaccionar. En vez de correr directo a la atracción central, pidió a todos que esperaran porque tenía que ir a cambiarse de ropa, algo que suele tardar en hacer al volver de la escuela.

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Después de eso, fueron varias horas de pura alegría, con visitas inesperadas y niños corriendo de un lado a otro. Algunos padres sorprendieron trayendo cupcakes; mientras, la torta había sido regalo de una amiga eterna de mi novia. La fiesta se volvió en un verdadero ejemplo de colaboración y amistad que espero usar como anécdota de buenas costumbres que mi hija debería tener en cuenta a la hora de formar sus relaciones en el futuro. Ciertamente, hubiera sido difícil para mi novia y yo solos, que somos el peor ejemplo de padres capaces de organizar fiestas sin ayuda alguna.

Lo mejor de todo fue esa mañana misma, ya que mi hija abrió finalmente los regalos que le habíamos prometido varios meses antes, y que ella misma había elegido a cambio de no tener una fiesta pomposa. Recibió un gran punto extra porque accidentalmente había visto los juguetes comprados en mi celular varias semanas antes, por lo que estuvo controlando su ansiedad de niña durante mucho tiempo, algo que casi explota el día anterior, buscando los regalos por toda la casa como un juego de tesoro escondido.

Otro punto importante fue que aceptó recibir pocos juguetes a cambio de recibir, por parte de los grandes, sobres con algunos billetes adentro, con la intención de usarlos luego en la zona de juegos de un nuevo centro comercial que se abrió en la ciudad. Unos días después, nos pasamos todo un sábado de tarde con ella, mientras ganaba tickets en los juegos y cambiaba por premios de su elección, dando fin a lo que fue el festejo de un cumpleaños que esperamos recuerde por un buen tiempo.

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