Por Alex Noguera
Editor/Periodista
Pocos paraguayos tuvieron la oportunidad de ver alguna vez un albatros, nuestro majestuoso protagonista de hoy que, desplegando las alas supera los 3,4 metros. Esta ave saltó a la fama años atrás no por su tamaño, ya que sobrepasa a la de todos los animales voladores actuales, sino por unas desgarradoras imágenes.
El hecho que captó la atención mundial fue las fotos de los polluelos en el atolón de Midway. Y es que unos documentalistas captaron con horror cómo decenas de miles de crías eran alimentadas con trocitos de plásticos proveídos por sus padres. Estos, traían al nido, a la boca de sus hijos, tapitas de gaseosas o colorida basura humana para la dieta hogareña y los pequeños morían de desnutrición, intoxicados y hasta asfixiados. Según la periodista Romina Bevilacqua, se estima que cerca de un millón de aves y 100.000 mamíferos marinos mueren cada año a causa de los desechos plásticos.
Ayer se conmemoró el 44° aniversario del Día del Ambiente. Esta fecha, que fue establecida por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, pretende la sensibilización mundial sobre el medio ambiente y su cuidado, por lo que podríamos reflexionar un momento sobre la enseñanza que nos deja el albatros.
Los hijos, confiados, aceptan inocentes como los polluelos de Midway cada pedacito de plástico que les damos y lo tragan. Y nosotros, los adultos, creemos que cumplimos con nuestro deber de proveedores. Y a veces estamos tan equivocados como esos gigantescos albatros padres. ¿Nos detenemos a veces y nos preguntamos cuántos de los alimentos –incluyendo metafóricos– que llevamos los adultos a casa son solo coloridos plásticos? No solo comida, sino enseñanzas. ¿Cuándo fue la última vez que regalamos a nuestros hijos un buen libro? ¿Cuándo fue la última vez que pudimos escapar de la vorágine laboral diaria y llevar al pico de nuestros polluelos unas horas de solaz familiar?
¿Que habría pasado si esos polluelos del océano Pacífico se hubieran negado a recibir esos equivocados alimentos y se hubieran revelado contra el sistema como tan brillantemente lo narrara Richard Bach en su novela "Juan Salvador Gaviota"? En este gran nido de Sudamérica, en esta isla llamada Paraguay, hay polluelos como los de secundaria que se cansaron de tragar plástico y se revelaron. Los jóvenes polluelos se aliaron y exigieron mejor alimento. No merienda escolar, no almuerzo, sino mejor educación. Libros. Calidad educativa. Mejor futuro.
Esa llama de rebeldía juvenil quemó el pecho de la indiferencia y se propagó desde el Ministerio de Educación hasta la naturaleza. El nuevo ministro Riera no solo acudió personalmente al traslado de muebles de una escuela como la emblemática Vicepresidente Sánchez de Asunción a un nuevo local que no estuviera en peligro de derrumbe, sino que también fue al este del país para apaciguar a los pequeños alumnos de la escuela "Dr. Moisés Santiago Bertoni" de Presidente Franco, quienes exigían la destitución de su director a quien acusaban de corrupción. En esa zona, el ministro hasta expresó que las obras para 675 escuelas modernas comenzarían en 3 meses.
Este 44° aniversario a los paraguayos nos sorprende con otra reciente victoria, ya no de polluelos estudiantes rebeldes, sino de la naturaleza sobre los intereses económicos, llamada Ñemby. El cerro, que durante décadas fue explotado, hace apenas unos días pasó de nuevo a manos de los ciudadanos. La herida del cerro mutilado deberá cerrarse y convertirse en un centro de esparcimiento, amigable con el medio ambiente.
Es una pequeña victoria en un mar en el que flotan una al lado de la otra tapitas, deforestación, inconsciencia y hasta coimas. En este océano también sobrevive la esperanza, como la iniciativa de la cooperativa Colonias Unidas y sus ecobolsas, lanzadas la semana pasada. En Encarnación comienzan a usar bolsas de tela para las compras en los súper para evitar las de polietileno que tanto daño causan. Deberíamos imitar y propagar esa causa. Sería una forma de proteger a los albatros del Paraguay.

