Por Clari Arias
@clariarias
Cuando hace veintiséis años –por cuestiones económicas– tuve que mudarme a vivir parte de mi juventud a la ciudad de Ñemby, aquello era un moridero de pobres: la mayoría de las calles eran de tierra, el transporte estaba monopolizado por la línea 18, no había un solo supermercado (símbolo de progreso¡?) y el Acceso Sur no era más que una ruta de asfalto con dos estrechos carriles que terminaba en el pueblo de Villeta.
Como toda ciudad cercana a la capital, Ñemby estaba destinada a ser dormitorio de la gente más trabajadora y humilde; así por lo menos lo entendió el gobierno de la época que apostó a construir cientos de casas económicas en distintos barrios de la ciudad a través de la desaparecida Conavi, para así incentivar el desarrollo de nuevos barrios. Fue desde ese momento que las cosas cambiaron para siempre en Ñemby, ya que familias enteras provenientes de Asunción terminaron por asentarse y hacer vida allí.
El cerro siempre estuvo en el mismo lugar, y desde que los Bogarín ganaron la concesión para la explotación de sus recursos naturales, siempre sirvió para lo mismo, la extracción de piedra. Demás está decir que en esas décadas del siglo pasado no existía –o era muy poca– la conciencia sobre el medioambiente, por lo que el negocio no molestaba a nadie, salvo a unos pocos vecinos que se aventuraban a comprar terrenos baratos alrededor de las 58 hectáreas del cerro Ñemby, que se quejaban de las explosiones de la empresa minera, porque según ellos, temblaban las casas y las paredes de estas se rajaban.
Hoy las cosas cambiaron drásticamente. Algunos vecinos de Ñemby, motivados por su joven intendente de 25 años, están decididos a recuperar el cerro para parar definitivamente con la extracción de piedra, y convertir el lugar en un parque de áreas protegidas. En líneas generales estoy de acuerdo con estos vecinos, ya que una concesión de 50 años es bastante extensa para cualquier actividad, y sería hasta romántico ver la conversión de un lugar que la mano del hombre casi destruye por completo, a una especia de santuario-victoria de los que apasionadamente defienden el medioambiente. Es aquí mismo en donde me surgen las primeras dudas razonables del reclamo que hacen el intendente y sus vecinos, porque miro el estado de algunos espacios públicos de Ñemby (plazas, plazoletas, calles) en estado lamentable, y me pregunto si serán capaces de preservar, cuidar y amar un pedazo de tierra tan extenso como lo es el cerro Ñemby.
Del lado de la empresa concesionaria las cosas son más complicadas aun, porque dicen tener un documento que les garantiza la explotación del recurso natural por 10 años más. Si tal documento existe y fue refrendado por personas en función de gobierno, la concesión debe respetarse hasta el último día, avisando con el tiempo que establezcan las leyes pertinentes, el fin de tal gracia, por los motivos que argumenten autoridades comunales y vecinos.
Ñemby es hoy una ciudad con todas las letras. Ha crecido desordenada y caótica, pero a la vez pujante y con mucho esfuerzo de los vecinos, que soportaron muchas privaciones hasta casi entrado este siglo. En este proceso en donde se manifiestan munícipes con vecinos por un lado, empresarios y trabajadores del cerro por el otro, espero un buen gesto de ambos lados; que los primeros tengan un plan para el lugar, y que los segundos caigan en la cuenta de que medio siglo de explotación del cerro es mucho tiempo.

