Por Clari Arias

@clariarias

Esta semana la mayoría de los doscientos cincuenta municipios cumplieron sus primeros cien días de nuevo gobierno luego de las elecciones municipales. En Asunción hasta hubo celebración por la llegada de Mario, que por supuesto tuvo tiempo para que la sinfónica de la ciudad le agasajara con canciones de los Beatles, y se sacara todas las selfies posibles. ¡Es que el intendente de Asunción ama las fotos tanto como el trabajo! Lejos de festejos y fotos para el Facebook, hay una realidad que lastima a los contribuyentes y es el alto costo corporativo de los municipios.

Invitación al canal de WhatsApp de La Nación PY

Casi siempre comunicadores y opinión pública reparamos en los funcionarios, permanentes y contratados, porque es palpable la superpoblación de las oficinas municipales, principalmente en los grandes municipios: Asunción, Área Metropolitana y capitales departamentales. Y pocas veces nos hemos detenido a pensar en lo mucho que cuestan las juntas municipales y en lo poco que, a cambio de sus dietas, ofrecen a sus vecinos contribuyentes.

En la madre de ciudades, Asunción, cuya categoría especial hace que la junta municipal ostente 24 miembros, cada concejal se lleva mensualmente unos 24 millones de guaraníes. Es una cifra solo comparable a cargos gerenciales del sector privado, y por la cual cada concejal asunceno asiste a una sesión semanal y a las reuniones de las comisiones asesoras en donde figure como miembro. En estos primeros meses de gestión, un concejal colorado pidió el cambio de nombre de la calle Haedo, mientras que dos concejales de la izquierda de Ferreiro solicitaron que una calle de Asunción lleve el nombre de una luchadora contra la dictadura. Podrían aportar algo más a los ciudadanos que pagan mucho dinero por sus dietas.

En el Área Metropolitana, los grandes municipios como Lambaré, Fernando de la Mora, San Lorenzo, Mariano Roque Alonso, Luque y Villa Elisa pagan sueldos cercanos a los 20 millones mensuales a sus concejales. En Mariano Roque Alonso, ciudad con serios problemas de infraestructura, cada uno de los 12 concejales se lleva 18 millones en efectivo, más 1 millón en vales de combustible (la ciudad tiene apenas 50 km2). En la hermosa Villa Elisa, cada edil embolsa 17 millones mensuales. En la quebrada Fernando de la Mora, otrora ciudad joven y feliz, el intendente Riveros tiene que hacer malabares para cumplir con sus 12 concejales, que cobran 19 millones cada uno.

Desde las primeras elecciones municipales democráticas de 1991 hasta nuestros días, las juntas de los municipios más grandes del país se han autoasignado salarios onerosos que, claro está, no condicen con las condiciones precarias y hasta de quiebra de sus municipalidades. Pero ellos siempre aducen los mismo, que sus dietas están regidas por la Ley Orgánica Municipal a través del artículo 28. En efecto, el mencionado artículo establece con claridad el porcentaje que debe gastar de su presupuesto cada municipio en concepto de dietas. Llamativamente, los propios concejales siempre encuentran una artimaña para llevarse más dinero: gastos de representación, combustibles, bonificación. Siempre hay un cuento chino para asaltar la caja del municipio.

Poca productividad, desconexión con sus electores, connivencia en contratos dudosos y onerosos para sus ciudades (recolección de basura, inspecciones vehiculares, etcétera) y en algunos casos más severos, hasta escaso conocimiento de sus geografías, hacen que las juntas municipales nos cuesten mucho dinero y cada vez propongan menos soluciones a la difícil vida en nuestros municipios. Porque para que me cambien el nombre de la calle Haedo por el de un héroe de guerra, no quiero pagar 24 millones mensuales a ningún concejal.

Déjanos tus comentarios en Voiz