Por Clari Arias

@clariarias

En las últimas horas hemos asistido todos los paraguayos a un vergonzoso espectáculo de funcionarios públicos de la Cámara de Senadores negándose a acatar, ni más ni menos, que una orden del presidente del Senado. Éste, en su carácter de administrador del Congreso Nacional, decidió remover al director de Recursos Humanos Arturo Lombardo, funcionario de vieja data dentro del Parlamento y con largos trece años al frente de la mencionada dirección.

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El cambio ni siquiera es un hecho que pueda llamar la atención dentro del gran organigrama del Estado, pero algunos pocos servidores públicos, liderados por una exacerbada mujer de nombre Nadia Espinosa Pintasilgo, arremetieron contra el cambio administrativo como si se tratara de un atentado a sus derechos. Y por supuesto no lo es.

El bochornoso evento que protagonizaron unos pocos en la mañana del martes pasado en las oficinas del Senado es uno de los contados y últimos pataleos de los esbirros de la vieja política paraguaya. Esa que permitió durante más de dos décadas que "dirigentes" de los principales partidos hicieran lo que quisieran con el presupuesto nacional, ubicando a sus "seguidores" en cargos públicos de toda índole. El mismo destituido, el tal Lombardo, en abuso de sus atribuciones como director de personal del Senado, no se ruborizó al nombrar a sus hijos Arturo y Larissa y a su hermano Lucio como funcionarios de la Cámara. Es claro que para el señor Lombardo la palabra nepotismo no existe, y la estimación de la propia honra nunca la valoró. Él también es un escombro del pasado, y a buena hora fue removido.

La guerra por terminar de una buena vez por todas la repartija inmisericorde de zoquetes a los correligionarios todavía es larga. Las acciones del actual gobierno han sido claves para, por lo menos, comenzar a hablar de planilleros, acomodados y gente que sin mérito alguno succiona –como garrapatas famélicas– la sangre del presupuesto público. Por lástima, algunos políticos que dicen ser aliados del presidente Cartes son los mismos que siguen con la vieja práctica de pedir zoquetes en cuanta oficina estatal les permita tal abuso, interfiriendo de mala manera con una tarea que a estas alturas ya no tiene retroceso: acabar con el prebendarismo.

Nuestros hijos, la próxima generación de paraguayos, verán un país mejor. Aunque esto nos cueste derribar a los partidos y movimientos políticos cuyas cúpulas se empeñan en mantener viejos privilegios convertidos en tristes paradigmas de la forma de hacer política. ¿Acaso es justo tener que tolerar, en el nombre de la democracia, la aberración de pagar sueldos a gente que no cumple función alguna? ¿Es justo que Ramírez Zambonini haya repartido cargos entre hijastros, cuñadas y amigotes? ¿Es justo pagar sueldos con dinero del pueblo a niñeras, caseros, amantes y serviles de los políticos? No, casi nada es justo en este país.

Este pueblo no se ha desanimado jamás ante las adversidades, ni siquiera ante una cruenta guerra de exterminio en su contra. No lo hará ahora ante el amedrentamiento de unos pocos miles que creen ser dueños de la hacienda del país. Basta de privilegios. Basta de zoqueteros. Basta ya de la vieja forma de hacer política.

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