San Ignacio. Enviados Especiales.

Por Arturo Peña Villaalta

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Fotos: Fernando Riveros

Móvil: Fredy Arrúa

Los recuerdos siguen frescos. Nos llevan todavía nítidamente a aquella imagen icónica, en el predio de Ñu Guasu, durante la visita del papa Francisco en julio del 2015. El retablo de granos y frutos del artista de San Ignacio, Misiones, Koki Ruiz se convirtió en el símbolo de la fe, la confraternidad y esperanza de todo un pueblo durante aquellos días. Era de imaginar, por tanto, que quienes pudieron admirar aquella obra, quienes la vivieron de alguna forma, pondrían ahora sus expectativas en Tañarandy.

"La tierra de los irreducibles", Tañarandy, una compañía de San Ignacio, es desde hace más de dos décadas escenario de uno de los eventos más emotivos de la Semana Santa paraguaya, cada Viernes Santo. El iniciador y promotor principal de esta celebración es también Koki Ruiz.

Movidos por esa expectativa, fuimos a Misiones. Koki nos recibió en el Teatro del Molino, en el centro de San Ignacio, convertido en el laboratorio de lo que será esta nueva edición, la número 25, de la Semana Santa en Tañarandy –el teatro fue también el taller de elaboración del retablo papal. Repartidas en algunos rincones, algunas piezas de lo que fue aquel altar de Ñu Guasu, esperando volver a ser un cuerpo, volver a cobrar luz y emoción. Macarena, una de las hijas de Ruiz, también artista, realiza con paciencia los trazos de una de las figuras que adornarán el retablo, que ya comienza a tomar forma lentamente con los nobles colores del maíz y el poroto.

-Luego de lo que representó aquel retablo en Ñu Guasu, las miradas vuelven a estar sobre usted y sobre Tañarandy.

-(Ruiz suelta una ligera sonrisa de alegría, como subrayando la emotividad de la respuesta) Sabemos que hay mucha expectativa. Lo que queremos es que todo eso que tiene que ver con el encuentro con el Papa, el año pasado, se trasmita ahora a Tañarandy. Si bien aquel retablo fue síntesis de los 23 años de trabajo aquí, esperamos ahora que este Tañarandy sea también producto de ese encuentro con el Papa. La idea es revivir ese júbilo de la venida del Papa; que Tañarandy sea un espacio espiritual para recordar todo lo que fue ese momento.

Estamos previendo la participación del Coro Papal. Estamos queriendo que vengan los jóvenes de los movimientos. Tenemos algunas confirmaciones de Concepcion, de Ciudad del Este, jóvenes que van a venir a estar acá desde los días previos para ser parte ya de lo que va a ser Tañarandy.

-¿Hablamos de un retablo de las mismas características?

-Ahora estamos corriendo detrás de los maíces, porque tanta lluvia afectó mucho a las espigas. Salieron los granos, pero las espigas no están muy bien y vamos separando las que salieron un poco mejor. Pero estamos preparados para hacer una cosa grande, algo similar a Ñu Guasu, pero es una obra que también se va ir haciendo estos días. De repente surgen nuevas ideas. Va a ir tomando forma. Volveremos a adornar con maíz, con calabazas, con porotos y también pondremos la cruz papal, que se elevará a unos 15 metros sobre la estructura. Estamos tratando de volver a usar los elementos que pudimos rescatar de Ñu Guasu, como el símbolo del Papa, que va a integrar también el nuevo retablo.

En febrero ya entramos en un mes intenso. En la próxima semana tenemos que tener todo el maíz para empezar a atar en la estructura. Estamos todavía bien motivados por lo que fue aquella experiencia del retablo, que fue todo un símbolo de la venida del Papa, por la participación de la gente, por cómo la gente se sumo y sintió que era el retablo de todos los paraguayos.

-¿Cómo será el Tañarandy de este año?

-Estamos tratando de utilizar el espacio que tenemos, que es un escenario natural con una belleza propia, porque hay una laguna. Pensamos usar esos elementos. Va a haber luminarias flotando en la laguna, pensamos en unas mil más o menos, y la gente estará en torno al espejo de agua escuchando coros. Pero previo a eso se hará la procesión con los estacioneros, que es tradicional. Eso culminará con el encendido de las luces del retablo más las luces de la laguna. El año pasado ya ensayamos los candiles en el agua, pero en esta edición será un número muy superior.

Desde el año pasado también tenemos un cambio en el tema de los cuadros vivientes, que ya no se harán. Pensamos en un espacio más fácil para la gente, para poder caminar y acompañar la procesión sin tener problemas para encontrar un lugar. Además, con el encendido de las velas es una sensación muy distinta, es un cambio total en el efecto, ya no tanto show, sino más bien un espacio espiritual, como entrar en una catedral natural.

-¿Espera mayor cantidad de visitantes?

-Se dice que entre 15 mil o 20 mil vinieron en los últimos años. Yo solo hablo de mucha gente. En realidad, lo importante no es la cantidad de gente, sino la calidad, la calidad en el sentido del porqué viene la gente, no en otro sentido. Nos interesa aquel que viene a vivir la espiritualidad.

Incluso el horario tiene que ver con cuidar un poco eso. Lo hacemos en un horario en que ese consumidor de bebidas alcohólicas todavía no llega a su pico. Entonces nos salvamos de eso y sus consecuencias. Lo malo del turismo es el turismo más la cerveza, eso para mí es definitivo. Ese es el tipo de turismo que destruyó Villa Florida, por ejemplo. Nosotros queremos que sea un encuentro espiritual, de la familia, que la gente no tenga miedo de venir con los hijos.

Hay gente que hemos conquistado que nos llena de orgullo, los que vienen de lejos, de Buenos Aires, de Europa, para vivir la experiencia. Porque Tañarandy es muy distinta de todas las otras celebraciones de Semana Santa. Sevilla es hermoso, está en el ranking turístico mundial; nosotros tratamos de estar en el ranking espiritual.

Corté los cuadros vivientes, por ejemplo, porque sumaba cada año más gente que venía atraída por eso y se convertía mucho en show. La gente no tenía tiempo de mirarse a los ojos, no se sentía parte de la obra. La idea es que la gente se integre a la obra, caminando, portando su farol, siendo alguien en la obra y no público en la oscuridad. Yo sentía que se me escapaba esa esencia, a pesar del éxito que teníamos. En este momento estamos haciendo eso, recuperar ese encuentro, de mirarnos, de sentirnos juntos, mirándonos a la cara.

-¿Qué recuerda de las primeras ediciones?

-Empezamos con el Tañarandy en el 92. Van 24 años seguidos. Esas primeras ediciones fueron el ensayo de una ocurrencia, de probar qué puede surgir o intentar, con los elementos de la religiosidad popular, hacer una cosa artística. Habremos sido unas 40 personas la primera vez, portando solamente unas velas. Lo que surgió allí fue la idea, el entusiasmos, inclusive por impulso de vecinos que participaron, para repetirlo al año siguiente.

Entonces, empezamos a buscar a los estacioneros. Al año siguiente ellos aportaron cualquier cantidad de gente, porque vinieron en colectivos repletos. Los estacioneros estaban terminando allá por esos años. Recuerdo que eran siete viejitos los que estaban preparándose para la Semana Santa del 93. Fui para invitarles a Tañarandy y los encontré cantando sin los uniformes tradicionales ni los faroles. Decían que ya no se animaban a salir vestidos así porque por la calle recibían burlas y silbidos desde los bares donde la gente estaba tomando. Entonces iban a los calvarios en las casas donde la gente los aguardaba y ahí cantaban.

Entonces yo les dije, "vamos hacerlo en mi pueblo, con una escenografía típica, donde ustedes van a cantar". Les ayudamos con los uniformes y recuperamos los faroles, así arrancamos ese año. Esa fue una de las razones por las que crecimos entre el 93 y 94. Los nietos de aquel grupo siguen viniendo cada año, hasta ahora. Ese es el orgullo. Y estamos seguros de que fue una gran recuperación, porque hoy tiene continuidad en los jóvenes.

La tradición de la religiosidad popular es muy importante, son formas de ser, de sentir, de vivir, que son parte de nuestra historia y parte de nuestra identidad.

-Sin duda es un proceso sumamente rico. ¿Piensa escribirlo alguna vez?

-Es una historia que va modificándose. Va yendo. Yo como artista sé que trabajando, que moviendo la creatividad, voy desarrollándome. No hubiera sido posible el retablo de Ñu Guasu si no hubieran transcurrido esos 23 años previos de experiencia en Tañarandy.

La idea primera fue motivar. De alguna manera elegimos Tañarandy porque era un barrio donde siempre, con los vecinos con quienes empezamos la Semana Santa, buscamos ejercitar la creatividad para mostrar que con los elementos nuestros, sin elementos extraños, podíamos hacer una obra de arte. Por la creatividad podemos salir de nuestros problemas. A veces la tendencia en el mundo es parar, recibir todo enlatado o esperar que otros resuelvan nuestros problemas, entonces nos volvemos personas que estamos siempre esperando ser socorridos por otros.

Y así también, toda obra de arte tiene que traer un cambio, tiene que producir un cambio. Hay artistas que utilizan el arte como denuncia para producir ese cambio. Yo tomé un camino que es el de motivar a la gente a cambiar.

Entonces, la idea es que este ejercicio que hacemos de creatividad sirva para que nuestra mente pueda estar siempre creativa, encontrar creatividad en las cosas. Con creatividad podemos buscar soluciones, juntos, en forma comunitaria.

-¿No le parece importante contar Tañarandy desde esa perspectiva?

-Bueno, contar la historia de Tañarandy... Yo con los mbya he tenido una relación muy cercana. He aprendido mucho de ellos. Recuerdo que no les gustaba que yo escriba, decían más o menos lo mismo que Bartomeu Melià en uno de sus libros: que la escritura es el cadáver de la palabra. Entonces todo lo que hoy se pueda escribir talvez mañana cambie, porque cambia el contexto.

Me decían los mbya: "No escribas, eso no sirve porque mañana es otro momento, lo importante es lo que te queda en el corazón". Eso me hizo dejar toda intención de escribir, pero alguna vez probablemente escriba algo sobre el proceso.

-¿Es una persona religiosa o su conexión es a través del arte?

-El arte me lleva ahí. Yo tengo mi manera de construir o de vivir mi fe, que ya es más bien una herencia de mis padres, de la solidaridad, que sería para mí la mayor virtud religiosa del cristianismo, el sentido de la solidaridad, de la hermandad, del amor a los demás.

En ese sentido, creo que a través del sentimiento religioso y cristiano, mis padres me han enseñado, me han dejado esa conexión como legado.

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