Por Jorge Zárate

"En nuestra sociedad sigue siendo aceptado el castigo físico como forma de educar, de enseñar a los niños", dijo Mónica Basualdo, psicóloga de la organización Global Infancia, al tratar de buscar una respuesta de fondo a la recurrencia de la violencia contra niños y adolescentes.

"Hay otras formas, otras prácticas de crianza que deberíamos difundir con más ahínco como forma de educar", expuso, recordando que los castigos físicos suelen provenir de la incapacidad de expresarse, de explicarse.

Invita a visitar la página de Unicef Paraguay sinviolencia.com.py en la que se puede encontrar material para comenzar a revertir prácticas aprendidas de los mayores, muchas veces tradicionales, donde la violencia ocupa un lugar importante.

"A menudo las personas adultas golpean a sus hijos e hijas porque no tienen un lenguaje adecuado para hablarles", menciona. "Cuando más se conoce sobre el desarrollo infantil, se tienen más herramientas para dialogar, comprender los problemas, explicar con más fundamentos", indica.

Por eso llama a participar de la manifestación que se dará hoy a partir de las 18:30 frente al Panteón Nacional de los Héroes, con el lema "Ni una Carolina más".

Tomás Ferreira, el golpeador, segó la vida de una niña que el próximo 13 de julio iba a cumplir 15 años. Vivía como la Cenicienta del cuento, condenada a limpiar hasta hacer brillar la casa de sus padres adoptivos, bajo pena de no poder ir a clases y de palizas inenarrables.

Los vecinos la escuchaban, pero nunca denunciaron, en una complicidad promovida por el peso social de la familia Ferreira en Vaquería, departamento de Caaguazú.

Golpes brutales en los glúteos, las piernas, espalda, lo que los médicos definen como politraumatismo, la llevaron a la muerte.

Un asesinato que pesa en la conciencia social que ahora muestra preocupación por el destino de la otra criada de los Ferreira, una joven universitaria a la que piden proteger.