El espectáculo formó parte del Ciclo de Verano del Teatro Municipal de Asunción. La intención fue recrear el encuentro entre Mozart y Beethoven, en Viena, en 1787, mediante una representación, realizada por Alejandro Méndez Mazó quien conversó con el maestro Diego Sánchez Haase en varios momentos del encuentro.

La pianista norteamericana Shelly Moorman-Stahlman, llegada especialmente para la ocasión, fue la solista de la noche. Junto a la orquesta, interpretó el Concierto para piano y orquesta N. 20, en re menor, KV 466 con sus movimientos, Allegro, Romanza, Allegro assai, de Wolfgang Amadeus Mozart, que fuera el preferido de Beethoven y para el cual él había compuesto las cadencias.

En la segunda parte se escuchó la Sinfonía n. 4, en si bemol mayor, Op. 6 (Adagio, Allegro vivace, Adagio, Allegro vivace, Allegro ma non troppo) de Ludwig Van Beethoven (1770-1827).

Diversión y aprendizaje

La singularidad de este Concierto estuvo dada por un plus educativo ingenioso, delicado y accesible al público de todas las edades. El mismo consistió en una performance (teatralización libre), a cargo del cantante lírico y actor Alejandro Méndez Mazó, quien personificó a Beethoven, en un diálogo con Sánchez Haase a manera de intermezzo entre las obras musicales, antes y después de las mismas.

Beethoven, conversando con el maestro Sánchez Haase, relató su encuentro con Mozart, en la Viena de 1787, cuando el revolucionario romántico rondaba los 17 años y el consagrado clásico, los 31. En la ocasión Beethoven se habría presentado diciendo "Mi nombre es Ludwig", y Mozart habría asegurado "Recordad su nombre, porque este joven hará hablar al mundo".

A lo largo del espectáculo, fueron desgranándose otras anécdotas que intercambiaron Beethoven y Sánchez Haase, quien recordó cómo su propio padre le había enseñado a escuchar y entender la música, desmenuzándola y percibiendo cada uno de sus aspectos para el análisis.

Con un amigable lenguaje lúdico, fueron comunicados al público conceptos técnico artísticos, ilustrados con muestras prácticas de los instrumentistas e inclusive del propio "Ludwig". Éste - aprovechando la condición de cantante de Méndez Mazó - cantó brevemente partes de obras de Mozart y Beethoven, para mostrar el carácter sombrío del Primer Movimiento del Concierto de Mozart, dado por la tonalidad de RE menor.

Y refiriendo las candencias para piano ejecutadas por Moorman-Stahlman en el Concierto, que habían sido concebidas por Beethoven, éste explicó al público el significado de esas "partes tradicionalmente improvisadas por el instrumento solista", en este caso, el piano.

Un desembozado Beethoven, con frases muy festejadas por el público, sobre todo cuando mezclaba los tiempos actuales con la época en que vivió, recordó su infancia, y los momentos en que escribió la obra propuesta en el repertorio de la Orquesta. Al final del acto, recibió una llamada telefónica del mismo San Pedro, quien le solicitó su pronto regreso.

Durante las interpretaciones musicales de la Sinfónica del Congreso, especializada en interpretación histórica, el comunicativo espectáculo ubicó a su ilustre visitante – Beethoven - en una butaca de la platea, entre el público, que rió y aprendió aspectos no divulgados de las obras de los creadores más influyentes de la música universal.