La Real Academia Sueca de Ciencias dio a conocer en la semana a la mayoría de los ganadores de la edición 2023 de este premio, que en cada categoría está dotado con 11 millones de coronas suecas, unos 950.000 euros, salvo el de La Paz, que ronda el millón de dólares. Este lunes 9 se dará a conocer a el o los ganadores del de Economía, con lo que se completarían los anuncios.

Los premios serán entre­gados el 10 de diciem­bre, día en que se cum­plirá un aniversario más del fallecimiento de Alfred Nobel, su creador, quien en 1867 inventó la dinamita, un explosivo plástico resultante de absorber la nitroglicerina en un material sólido poroso, con lo que se reducían los ries­gos de accidente. Vale decir que las explosiones accidentales de la nitroglicerina, en una de las cuales había muerto su propio hermano Emil, habían desper­tado fuertes críticas contra Nobel y sus fábricas.

Inventó también la gelignita (1875) o la balistita (1887) y tras patentar todos sus inven­tos fundó compañías para fabricarlos y comercializar­los desde 1865 (primero en Estocolmo y Hamburgo, luego también en Nueva York y San Francisco).

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Nobel acumuló una impre­sionante riqueza que le provocaba un sentimiento de culpa por lo que habían causado sus inventos en las guerras.

Apremiado por ello, donó su fortuna para la creación de la Fundación Nobel, que se dio en 1900, con el encargo de otorgar una serie de premios anuales a las personas que más hubie­ran hecho en beneficio de la humanidad en los terrenos de la física, la química, la medi­cina, la literatura y la paz.

En Estocolmo se dan los pre­mios científicos, de Economía y de Literatura, y la ceremo­nia concluye con un banquete que reúne a cerca de 1.300 per­sonas en el Ayuntamiento en presencia del rey Carlos XVI Gustavo y de la reina Silvia. En Oslo, capital de Noruega, se entrega el premio de la Paz, oportunidad en que un millar de invitados se reúnen en la alcaldía antes de un adecuado banquete.

Aquí un recorrido por los tra­bajos y la vida de los distingui­dos hasta el momento.

LITERATURA

La profundidad nórdica para escudriñar la humanidad

El escritor y dramaturgo noruego Jon Fosse, de 64 años, fue premiado por la Academia, que lo destacó por sus “innovativas obras de teatro y prosa que le dan voz a lo que no se puede decir”.

En el texto se elogia “su inmensa obra escrita en la forma nynorsk del noruego (variante que habla apenas el 12 % de la población de ese país), y que cubre una gran variedad de géneros en un caudal de obras de teatro, novelas, colecciones de poesía, ensayos, libros para niños y traducciones”.

La “radical reducción” del lenguaje y su acción dramática “expresan las emociones humanas más poderosas de ansiedad e impo­tencia en los términos más simples”, agregó.

Fosse es un dramaturgo de éxito, sus pie­zas teatrales fueron representadas en unas 1.000 producciones diferentes en escena­rios de varios continentes al punto de ser llamado “el nuevo Ibsen”, en comparación con su compatriota Henrick Ibsen, uno de los fundadores del modernismo teatral.

También se apuntó que “está siendo cada vez más reconocido por su prosa” al punto de que su obra ha sido traducida a cuarenta idiomas y recibió premios internacionales.

“Un nuevo nombre: Septología VI-VII” es el último tramo de su monumental novela con pasajes autobiográficos: son 1.250 pági­nas que escribió solo usando comas; el texto tiene solo el punto final.

Se pueden leer en nuestro idioma “El otro nombre: Septología I”, “El otro nombre: Sep­tología II” y “Yo es otro: Septología III-V”, en ediciones españolas.

“Solía trabajar con frases largas, pero ahora no hay ni un solo punto. Todo es movi­miento”… “Siempre escribo sobre cosas que sé, pero nunca escribo sobre mí”… “todo es poesía”, porque “la poesía da un tipo de dimensión espiritual”, dijo en 2019 en entre­vista con el periódico danés Kristeligt Dag­blad que brindó en la residencia honoraria de los artistas de Noruega, una villa ubicada en el parque del castillo real de Oslo.

Habló de sus problemas con el alcohol, que pudo dejar. “La vida que solía vivir viajando a estrenos y asistiendo a fiestas de estreno era una vida que requería alcohol. He tenido algún tipo de ansiedad social. Me parece bien conocer gente, pero no me gustan los conciertos de rock, los partidos de fútbol ni las grandes fiestas, así que para afrontar esa faceta de la vida teatral recurrí al alcohol”.

Nació el 29 de setiembre de 1959 en Haus­gesunden, en los fiordos occidentales de Noruega, en una familia luterana. De joven se rebeló contra ese orden declarándose ateo, aunque en 2013 terminó convirtiéndose al catolicismo.

Después de estudiar literatura, debutó en 1983 con su novela “Rojo, negro”, en la que hace un fascinante viaje en el tiempo desde perspectivas diversas. Luego vinieron otras como Boathouse (1989), Melancholy I y II (1995-1996).

“Te conmueve muy hondo cuando lo lees… y cuando has leído una obra tienes que con­tinuar”, resumió Anders Olsson, presidente del Comité Nobel de Literatura de la Acade­mia. “Lo que es especial es la cercanía en su escritura. Toca los sentimientos más pro­fundos que tienes: ansiedad, inseguridad, cuestionamientos sobre la vida y la muerte... las cosas que cada humano enfrenta desde el principio”.

DE LA PAZ 2023

Apoyo a la lucha de las mujeres iraníes

La activista iraní Narges Mohammadi fue galardonada con el Nobel de la Paz en un reconocimiento del Comité noruego al movi­miento Mujer, Vida y Libertad, que vio la luz en setiembre de 2022. Fue la reacción popular ante la muerte de la joven de 22 años Mahsa Yina Amini, que tres días antes fue detenida por la policía por llevar mal colocado el velo.

Berit Reiss-Andersen, presidenta del Comité, lo hizo expreso: “Queremos dar el premio para animar a Narges Mohammadi y a los cientos de miles de personas que han estado clamando Mujer, Vida y Libertad en Irán”, destacando su “lucha contra la opresión de las mujeres...” y la promoción de “los derechos humanos y la libertad de todos”.

Y luego requirió: “Si las autoridades iraníes toman la decisión correcta, la liberarán… de este modo podrá estar presente para recibir este honor, lo que esperamos ante todo”, según reportó el diario español El País.

Mohammadi, de 51 años, cumple una pena de más de 10 años de prisión en la celda número 4 del ala de mujeres de la prisión de Evin, en Teherán, condenada por “difundir propaganda contra el Estado”.

La agencia oficial iraní IRNA dijo que el pre­mio “politiza los derechos humanos”, por lo que se entiende que el país gobernado por el ultraconservador Ebrahim Raisi y cuyo líder supremo es el ayatolá Ali Jamenei estaría lejos de considerar la liberación de la activista.

Taghi Rahmani, esposo de Mohammadi, que también fuera preso político, se mostró com­placido: “Este Premio Nobel envalentonará la lucha de Narges por los derechos humanos, pero lo más importante es que es un premio para el movimiento Mujer, Vida y Libertad.

La Nobel de la Paz 2023 estudió física e inge­niería y desde la universidad se erigió en defensora de los derechos humanos, espe­cialmente los de las mujeres, pero también los de las minorías y los presos de conciencia que se denuncia existen aún en la República Islámica de Irán.

Mohammadi, quien fue ingeniera en una empresa estatal, comenzó a escribir en dia­rios reformistas hasta que en 1998 fue dete­nida y pasó un año en prisión. A partir de allí “el régimen iraní la ha arrestado 13 veces, con­denado cinco veces y sentenciado a un total de 31 años de prisión y 154 latigazos”, recordó Reiss-Andersen.

La activista iraní fue también portavoz y vice­presidenta del Centro de Defensores de los Derechos Humanos (DHRC), fundado por la Nobel de la Paz Shirín Ebadi, que prestaba asistencia jurídica gratuita a presos de con­ciencia y que fuera cerrado por el gobierno en 2008.

Por su lucha, Mohammadi perdió su trabajo, su carrera, sufrió ataques cardíacos estando presa sin que se le diera adecuada atención e, inclusive, sufrió períodos de aislamiento en la cárcel.

Lo más duro de todo fue, sin embargo, no haber podido ver crecer a Ali y Kiana, sus mellizos de 16 años, a los que hace ocho años que no ve y que viven en el exilio en Francia con su marido, al que tampoco ve en persona desde hace 10 años. En diciembre de 2022 su marido contó que Mohammadi llevaba 7 meses sin poder hablar con sus hijos.

El Nobel de la Paz, que tiene un premio mone­tario cercano al millón de dólares, se entre­gará en Oslo el 10 de diciembre, aniversario de la muerte del industrial sueco Alfred Nobel (1833-1896), quien fundó los premios en su tes­tamento de 1895. Este premio es el único de los seis galardones que se otorgan y entregan fuera de Suecia por deseo expreso de Nobel debido a que Noruega formaba parte de ese reino hasta 1905.

MEDICINA

Un reconocimiento al invento que puso fin a la pandemia

El Nobel de Medicina 2023 fue para Katalin Karikó y Drew Weissman por la vacuna contra el covid-19.

Karikó, quien dormía cuando recibió la llamada desde Esto­colmo, pensó que se trataba de “una broma” cuando le dijeron que se había adjudicado el preciado galardón.

Weissman, a su turno, dijo que para él había sido su sueño de “toda la vida” y recordó las noches de insomnio en las que cruzaban correos electrónicos con su compañera de premio.

El jurado destacó que estos “por sus descubrimientos sobre modificaciones de bases de nucleósidos que permitieron el desarrollo de vacunas de ARN mensajero eficaces contra la covid-19… (que fueron) innovadores y han cambiado funda­mentalmente nuestra comprensión de cómo interactúa el ARN mensajero con nuestro sistema inmunológico… los galardo­nados contribuyeron a la tasa sin precedentes de desarrollo de vacunas durante una de las mayores amenazas a la salud humana en los tiempos modernos”.

Simplificando, el ARN lee las instrucciones escritas en el ADN y parte con ellas para que las fábricas del organismo produz­can todo lo necesario para existir. En los 90, Karikó pensó que introduciendo una “información adecuada” en el ARN, este serviría de “mensajero” para la producción de una pro­teína ausente que causa una anemia, una respuesta inmune frente a una infección o incluso el cáncer. Weissman pensaba que serviría para mejorar las vacunas.

Científicos de todo el mundo destacaron que los premiados idearon “cómo colarlo en la célula, envolviéndolo en nanopar­tículas lipídicas que atraviesan la célula” y que “el ARN men­sajero genera una respuesta inmune más fuerte”.

La bioquímica húngaro-estadounidense Katalin Karikó, la 13.ª mujer en recibirlo en la especialidad, trabajó 40 años para alcanzar el desarrollo que hizo posible la efectividad de las vacunas que en principio ofrecieron Moderna y BioNTech. “Recibía una carta de rechazo tras otra de instituciones y compañías farmacéuticas cuando les pedía dinero para desa­rrollar esta idea”, comentó Karikó al diario español El País en 2020 durante la pandemia.

El estadounidense Drew Weissman fue su principal colabo­rador y facilitó que las terapias a partir del ARN mensajero llegaran a Pfizer o Moderna. Feliz con la premiación, Weiss­man aseveró: “Creemos que en los próximos seis o siete años tendremos una vacuna eficaz contra el VIH”.

En coincidencia, el jurado expuso que “la impresionante flexi­bilidad y velocidad con la que se pueden desarrollar vacunas de ARN allanan el camino para utilizar la nueva plataforma tam­bién para vacunas contra otras enfermedades infecciosas. En el futuro, la tecnología también podrá utilizarse para adminis­trar proteínas terapéuticas y tratar algunos tipos de cáncer”.

Karikó, bioquímica húngaro-estadounidense, nació en enero de 1955 en Szolnok (Hungría). Graduada en biología en la Uni­versidad de Szeged (Hungría) en 1978 y doctorada en Bioquí­mica en 1982, empezó a estudiar las propiedades del ARN mensajero en ese centro húngaro. En 1985 emigró a Estados Unidos con su marido y su hija de dos años.

Drew Weissman nació en Lexington (Massachusetts, EE. UU.), es profesor de medicina en la Escuela de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania y trabaja sobre el ARN y su aplicación en el desarrollo de vacunas y terapia génica.

FISICA

El brillar de los attosegundos

El galardón en Física de este año fue para Pierre Agostini, Ferenc Krausz y Anne L’Huillier por sus experimentos con luz que capturan “el momento más corto”, los llamados “pulsos de luz de attosegundos”. Un attosegundo es una quintallonésima de segundo, la medida más pequeña de la luz a la que se haya tenido acceso.

Antes de los avances de los galardonados, los electrones aparecían borrosos bajo los micros­copios más avanzados: su movimiento y com­portamiento eran demasiado rápidos para seguirlos, reseñó la cadena británica BBC.

Dijo el jurado: “Con sus experimentos… han creado destellos de luz que son lo suficiente­mente cortos para tomar fotografías de los movimientos extremadamente rápidos de los electrones… que pueden usarse para medir... (cómo) se mueven o cambian de energía”, por lo que resultan fundamentales para “el estudio de la dinámica de los electrones en la materia”.

Este “bucear” por el mundo subatómico usando luz es al que se dedica la física de los attosegundos, que se espera permita avan­ces en electrónica ultrarrápida, generando el desarrollo de chips de computadora más potentes y veloces o microscopios electróni­cos más precisos.

Así como en la física cuántica, se aventuran desarrollos en biología, química y medicina.

Pierre Agostini nació en Francia en 1968 y es profesor emérito de la Universidad Esta­tal de Ohio, EE. UU.; Ferenc Krausz, nacido en Hungría en 1962, es director del Instituto Max Planck de Óptica Cuántica en Alemania, y Anne L’Huillier, que nació en Francia en 1958, es profesora de la Universidad de Lund en Suecia.

La profesora L’Huillier estaba dando clases y tuvo tres llamadas perdidas antes de aten­der a la Academia Sueca. “Estaba dando cla­ses”, se excusó. “Es increíble… No hay tantas mujeres que obtengan este premio, por lo que es muy, muy especial”, dijo la que ahora que es la quinta en recibirlo.

QUÍMICA

Los puntos cuánticos, de las pantallas al galardón

El francés Moungi Bawendi, el estadouni­dense Louis E. Brus y el ruso Alexei Ekimov fueron adjudicados con el Nobel de Química 2023 por su descubrimiento de los puntos cuánticos, esenciales para el desarrollo de los televisores led y que se espera ayuden en la lucha contra el cáncer. Los puntos cuánticos son nanocristales, de un tamaño de millonési­mas partes de milímetro, en los que los electro­nes quedan encerrados en “islas”.

Cuando se estimulan mediante luz o electricidad, los electrones saltan a un mayor nivel de energía y, al regresar a su estado normal, producen un resplandor con protones individuales. A mayor tamaño del nanocristal, su color vira al rojo, pero es más azul cuanto más pequeño es.

El físico ruso Alexei Ekimov (Unión Soviética, 78 años) los descubrió en cristales en 1981. El experto, que hoy trabaja en la empresa estadou­nidense Nanocrystals Technology, demostró que el color de esa luz depende del tamaño del nanocristal.

Por su parte, el químico estadounidense Louis Brus (Cleveland, 80 años), de la Universidad de Columbia, confirmó poco después que esos efectos cuánticos, dependientes del tamaño, también se observan en nanopartículas que flotan libre­mente en un fluido.

El francés Moungi Bawendi (París, 62 años), del Instituto Tecnológico de Massachusetts, revolucionó en 1993 la producción en serie de puntos cuánticos, logrando resultados “casi perfectos”.

Philips y Sony fueron las primeras en usar esta tecnología en sus pantallas, pero ahora se espera que puedan ayudar en la detección temprana del cáncer. La idea es que se los pueda hacer llegar a las células cancerosas y provocar allí una ilumi­nación externa con luz ultravioleta.

Desde 1901, 184 hombres y solo ocho mujeres (el 4 %) han ganado el Nobel de Química.

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