Verónica Giménez, veronica.gimenez@nacionmedia.com

La detección temprana del retraso en el desarrollo del lenguaje y su diagnóstico, son claves para que el niño afronte los aprendizajes con un acompañamiento adecuado, advierte la fonoaudióloga Fátima Ojeda. Además, menciona las señales y qué hacer ante ellas.

La adquisición del lenguaje es uno de los logros más importantes en el desarrollo de los niños, que se da desde el nacimiento. “Se refiere a la etapa inicial de aparición de la habilidad lingüística y es el proceso por el cual el niño adquiere el dominio suficiente de la lengua que se habla en su entorno familiar”, señala la profesional en conversación con el diario La Nación/Nación Media.

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Los primeros años de vida son la etapa más sensible, crítica e importante para el desarrollo del lenguaje de los pequeños. Sin embargo, es importante tener en cuenta que no todos los niños desarrollan las habilidades del habla de la misma manera y al mismo tiempo, pero existen parámetros para considerar lo que es típico de lo que no lo es, según Ojeda.

El desarrollo del lenguaje afecta a diferentes áreas, como la de aprendizaje, juego, conducta y socialización. “Por eso es esencial atender los desafíos y no dejar pasar el tiempo”, recomienda y enfatiza que el rol de los padres es esencial para un buen desarrollo, ya que son ellos quienes deben brindar al niño un ambiente adecuado y enriquecedor.

Licenciada en Fonoaudiología, Fátima Ojeda. Foto: Gentileza

“El niño aprende a través de la interacción y es un proceso que se da de manera natural. Los adultos sin proponérselo hablan a los bebés desde los primeros días ajustando su lenguaje, utilizando un tono de voz más agudo, una entonación sobre acentuada, con más subidas o bajadas, frases más cortas y unas palabras más sencillas y breves, se expresan con numerosas repeticiones y preguntas con sus respuestas incluidas”, detalla.

La fonoaudióloga indica que el aprendizaje del lenguaje está en estas conversaciones, compartiendo la atención, los turnos conversacionales, la mirada y el foco de interés. Además, se producen numerosos “feed-backs” correctivos, es decir, el adulto corrige el lenguaje del niño sin darse cuenta para que así, posteriormente, el niño repita el modelo de forma correcta.

Señales de un retraso en el lenguaje

Entre las señales de alerta que la especialista resalta a tener en cuenta, menciona que de los 0 a los 6 meses de vida, el bebé podría no sonreír a la voz o ante caras familiares, tener cierta ausencia de contacto visual o no prestar atención a los sonidos cuando se juega o habla con él.

Entre los 6 y 12 meses, el no comprender palabras de uso común, como cama, agua, pelota, debe llamar la atención de los padres. También, si no le divierten juegos sociales, como coreco gua, no responde a su nombre, no señala o usa gestos para decir adiós con la mano, o no emite ninguna palabra con significado de mamá, papá, etc.

De 12 a 18 meses, los niños con retraso en el lenguaje suelen tener dificultad para entender órdenes sencillas como “dame” o “vení”, emiten menos de 10 palabras, no comprenden el “no” y no muestran objetos. Entre los 18 a 24, no hacen frases combinadas con dos palabras, como “mamá agua”, tienen un lenguaje incomprensible, no saben decir su nombre, no señalan las partes del cuerpo y no logran identificar un objeto entre varios.

Mientras más grande se hace el niño, mayores son las habilidades que debe desarrollar, señala la profesional. Foto: Ilustrativa

A los 3 años, los padres o adultos responsables pueden reconocer que existe un problema cuando al niño no se le entiende la mayor parte de las veces, no utiliza verbos ni logra describir una situación, tampoco puede explicar lo que quiere, siente o piensa. Mientras que a los 4 años, muestra dificultad para comprender frases largas, complejas o con significado abstracto, no pronuncia muchos sonidos y tiene un vocabulario muy reducido. También es muy común que presenten dificultades para responder preguntas como ¿por qué? ¿dónde? ¿para qué? y ¿cómo es?

Persisten dificultades en la articulación a los 5 a 6 años, da respuestas no relacionadas con las preguntas que se le hace, tienen inconveniente en tareas de atención sostenida y en la comprensión de oraciones, ausencia de juegos sociales o presenta dificultad para entender las reglas del juego.

¿Qué hacer ante estas señales?

“Existe una creencia muy popular en la sociedad de esperar para consultar con un fonoaudiólogo cuando un niño aún no habla o muestra claros desafíos en el desarrollo del lenguaje. Ante un retraso en el desarrollo del lenguaje, esperar es la peor solución”, sostiene la profesional y explica que el desafío podría ser temporal y esperar no permite atenciones oportunas y tempranas que siempre favorecen los pronósticos de evolución.

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Mientras más grande se hace el niño, mayores son las habilidades que debe desarrollar, y si aún no logra según lo que se espera para su edad, con el tiempo podría necesitar más ayuda y por más tiempo. “Se crea más frustración y más incertidumbre, como por ejemplo las famosas preguntas ¿cuándo va a hablar?, ¿por qué será que no habla? Es necesario e importante hablar de esto y compartir información para evitar que se siga retrasando oportunidades de apoyo especializado para un niño con desafíos en el desarrollo”, finaliza.

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